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Blog: Aquí podrás ver todas las entradas de este blog ordenados desde la más reciente a la más antigua

Kaashidhoo y Male, la Maldivas local

Posted by on 04/03/2015 in Asia, Diarios de viaje, Maldivas, Un relato de Oceanía y Asia | 4 comments

Kaashidhoo y Male, la Maldivas local

Kaashidhoo y Male, aterrizando en la Maldivas local [mytabs name=’Kaashidhoo y Male’] ¡Por fin hemos aterrizado en Maldivas! Venir aquí fue una decisión de última hora, un rechazo a acabar un viaje de más de un año, dar unos últimos coletazos antes de terminar finalmente en la India. Por eso vinimos, primero a Sri Lanka y ahora a Maldivas. Pero claro, la idea es poder venir a Maldivas sin tener a cambio que sacrificar a tu primer hijo varón. Para ello hubo que hacer una ardua labor de investigación, tras la que vimos que los precios no eran tan descabellados. Finalmente los alojamientos se nos acabaron encareciendo, supongo que por ser temporada alta. En total vamos a pasar 8 días aquí, repartidos entre 3 islas locales: Kaashidhoo, Gulhi y Maafushi. Nada de grandes resorts con su propia isla privada y bungalows de ensueño sobre aguas cristalinas. No, eso no va con nosotros. Y no vayáis a pensar que es por los 1000-3000 US$/noche que cuestan, ¡no somos tan ratas! Maldivas está formado por 1200 islas, sólo 200 de ellas habitadas, que se distribuyen en varios atolones. 820 kilómetros de norte a sur hacen que ubicarse en Maldivas sea un poco caos. La capital, Male, está situada en el Atolón de Male o Kaafu. Ahí va un mapa por si os aclara algo.       La isla de Kashidhoo ha sido nuestra toma de contacto con Maldivas. Es la isla más local de las 3 que visitaremos y también la más barata, por eso vamos. Tras el vuelo Colombo – Male y salir al exterior de la terminal del aeropuerto ya nuestras mandíbulas se desplomaron varios centímetros al ver el color del agua del puerto. Azul piscina, como si le hubieran puesto azulejos al fondo (todavía no lo descarto). De este aeropuerto no se sale en taxi, se sale en barca (o en hidroavión). Male tiene poco encanto en comparación con el resto de Maldivas. Por supuesto es la ciudad más grande del país e incluso me atrevería a decir que es la única. Ocupa una isla de unos 1,7 x 1 km de largo que está totalmente urbanizada, sin huecos por rellenar ni habitar. Los edificios, casi todos de unos 4 o 5 pisos de altura, hacen que tampoco tengas mucha sensación de agobio pese a lo estrecho de sus calles. Con sólo poner un pie en Maldivas te das cuenta de lo musulmán que es este país. Pocas mujeres caminan sin velo y se nota que se lo toman muy en serio. El alcohol está totalmente prohibido salvo en los resorts (tampoco lo puedes traer en avión) y no hay pueblo sin al menos una mezquita. Desde Male hasta Kaashidhoo vamos en un ferry local -la única forma barata de moverse- en un trayecto que dura 6 horas en total. Durante la travesía vamos viendo las diferentes islas que conforman el atolón norte de Male, e incluso hacemos una parada rápida en Gaafaru, antes de seguir hasta Kaashidhoo, con un mar bastante más revuelto de lo que me imaginaba. Y es que Kaashidhoo no está ubicada en ningún atolón, es de las pocas islas de Maldivas que está sola, a varias horas de cualquier otra. No sabíamos qué esperar de una isla local maldiva, pero Kaashidhoo nos sorprendió. Si obvias las aguas turquesas protegidas por el arrecife que rodean la isla, parecería que estás en un pueblo marroquí en mitad del...

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Las playas de Sri Lanka. Tangalle, Mirissa y Galle

Posted by on 28/02/2015 in Asia, Diarios de viaje, Sri Lanka, Un relato de Oceanía y Asia | 0 comments

Las playas de Sri Lanka. Tangalle, Mirissa y Galle

Playas de Sri Lanka. Tangalle, Mirissa y Galle [mytabs name=Playas de Sri Lanka’] Tras el safari por el Parque de Yala llegó la hora de remojarnos en la playa, y las mejores playas de Sri Lanka están en la costa sur. Comenzamos por el sureste, en Tangalle. un pueblo tranquilo aunque turístico. Aquí una la línea de alojamientos y restaurantes se esparce a lo largo de la playa, una larga franja de arena que va haciendo curva, y por eso en ningún momento tienes sensación de masificación. Tangalle, de las zonas de playas de Sri Lanka que hemos visto en el sur, ha sido la más barata, ya que aunque los precios de los restaurantes se disparan bastante siempre había alguna opción barata local. El mar aquí estaba bastante agitado casi todos los días (sobre todo por las tardes) y el agua tenía un color un poco turbio en muchos sitios. Hacia el este, donde el nivel de los alojamientos subía, el mar presentaba mejor aspecto.   Así que Tangalle no es la mejor de las playas de Sri Lanka, pero pese a ello fue un estupendo comienzo. ¿Por qué? Porque aquí nos reencontramos con Ole y Vero, con quienes ya estuvimos en Polonnaruwa, y también con Julio, al que conocimos brevemente en Haputale. Juntos pasamos unos días estupendos todos en la misma guesthouse, muy a gusto, mientras Sampath, el encargado, nos trataba a cuerpo de rey. Aquí celebré mi 33 cumpleaños (ya el segundo que paso fuera) y entre Carol y ellos me hicieron sentir como en casa. Globos, carteles, regalos, tortilla y gazpacho, pescado, cerveza, música… ¡No faltó de nada! Estuvimos unos días de charlas, tranquilos, en la terraza de la guesthouse (eramos los únicos inquilinos), dejando pasar las horas con unas cervezas, mientras Sampath nos ofrecía una cosa tras otra, ¡y todo gratis! Que si pescado, o cocinar, o traernos y prepararnos mejillones… fue sin duda el mejor local que conocimos en todo Sri Lanka, y compartimos sus alegrías y sus (no pocas) penas. Y es que en esta zona el tsunami del 2004 también causó bastantes estragos.   Tras Tangalle nos fuimos los 5 a Mirissa, rumbo al oeste. Aquí nuestra opinión de las playas de Sri Lanka comenzó a mejorar. La playa de Mirissa es bastante bonita, aunque está también más masificada que la de Tangalle. En la línea de mar hay algún que otro hotel grande y se pueden encontrar muchos chiringuitos en la playa misma y barbacoas por la noche para cenar, pero a unos precios que nuestro presupuesto rata no nos permitía. Seguimos compartiendo alojamiento con Ole y Vero, y además nos reencontramos también con Miguel Ángel y Cathy, una pareja de valencianos que conocimos en Myanmar. ¡Tanto tiempo sin ver españoles por ningún sitio y de repente nos juntamos un equipo al completo! Excusa perfecta para salir a tomar la cerveza por las tardes. Mirissa es un buen sitio para quedarse unos cuantos días de relax. La playa es buena para el baño, y también bonita. Y si buscas un poco se pueden encontrar buenos precios en alojamiento y comida, hay opciones. La verdad es que nos dedicamos a practicar ese bonito deporte que tanto suele gustar: El «Nohacernada«. Ya está bien de patear lugares oscilando entre los 500º a la sombra unos días y lluvias torrenciales otros, de caminos de polvo y...

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De safari en Yala

Posted by on 26/02/2015 in Asia, Diarios de viaje, Sri Lanka, Un relato de Oceanía y Asia | 2 comments

De safari en Yala

De safari en Yala. [mytabs name=Safari en Yala’] Dejamos atrás las verdes zonas de montaña del interior de Sri Lanka y nos dirigimos al sureste, a Tissa, el pueblo desde el cual salen los safaris hasta el famoso Parque Nacional de Yala. Siguiendo nuestra línea de confort con el transporte público ceilanés, pasamos gran parte de las 3 horas de bus desde Ella hasta Tissa de pie. Luego Carol mejoró y se sentó sobre su mochila en el suelo junto a la puerta, siendo pisoteada cada 5 minutos (me cedió el único asiento libre, que para eso soy el anciano). Pero como bien decimos: por 1 € que vale el billete, ¿qué más quieres?   La primera impresión de Tissa fue como la de otros sitios de Sri Lanka: mediocre. Sin mucho que destacar y ni siquiera algún sitio digno para comer, nos dimos un par de vueltas por sus calles y nos concienciamos de que aquí veníamos a lo que veníamos: el safari en Yala, a ver animales y a buscar al leopardo. Y es que el Parque Nacional de Yala alberga, además de muchas especies de aves y mamíferos, la mayor concentración de leopardos del mundo. Aunque no vayáis a creer que corretean por las calles y se te suben al regazo para que les rasques cuando te descuidas, ya que se estima que hay unos 60 leopardos en los casi 1000 kilómetros cuadrados de extensión del Parque. Negociamos en nuestra guesthouse un precio por el safari, que por supuesto era el más barato de la ciudad y era tan supersecreto que teníamos prohibido que esa cifra saliera de nuestra boca hasta el fin de nuestros días. Como siempre, vamos. Pongo algo más de información en la pestaña de «Datos Prácticos«. Nos recogieron a las 5:00 de la mañana y nos encaminamos hacia la entrada al parque a través de la oscuridad de la noche en nuestro jeep para 6 personas. La llegada a la entrada del parque fue un poco decepcionante. Decenas y decenas de réplicas de nuestro jeep, cargados de chinos en su mayoría, hacían cola para sacar las entradas. Sabíamos que era el parque más visitado de todo Sri Lanka, pero esto parecían los coches de choque en el momento álgido de una Feria. Por suerte, una vez empezamos a rodar dentro del parque cada jeep fue tomando diferentes caminos y, aunque casi nunca estás sólo, la sensación de agobio inicial de diluyó. Disfrutamos de la salida del sol en medio del parque mientras los animales correteaban, demasiado activos. ¿Dónde irán con tanta prisa a esas horas de la mañana?   El Parque de Yala es bonito. Sin haber estado en la sabana africana, siempre me la he imaginado más o menos así. Tierras llanas salpicadas de árboles y numerosos humedales, con muchas aves, muchos mamíferos y también reptiles. Además colinda con el mar y hay una playa a la que todo el mundo va a desayunar (a nosotros nos dieron una bolsa con desayuno típico de Sri Lanka = cosas que pican como los demonios). Fuimos rodando con el coche, hora tras hora, viendo animales de todo tipo: pajarillos, lagartos, búfalos, más pajarillos (ni un zoólogo lo explicaría mejor, ¿verdad?). También monos, un cocodrilo en la lontananza, ciervos, varias mangostas (no, las de las plagas egipcias no), pelícanos, pavos reales…...

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Kandy, Haputale y Ella, la Sri Lanka montañosa

Posted by on 25/02/2015 in Asia, Diarios de viaje, Sri Lanka, Un relato de Oceanía y Asia | 1 comment

Kandy, Haputale y Ella, la Sri Lanka montañosa

Kandy, Haputale y Ella, la Sri Lanka montañosa [mytabs name=Kandy, Haputale y Ella’] Después de la fugaz visita a las antiguas capitales de Sri Lanka nos hemos venido a las zonas verdes y altas del país, al interior montañoso, a ver si conseguimos dejar atrás las lluvias. Pensaréis que no parece el mejor sitio para ello, ¿verdad? Estáis en lo cierto. Comenzamos por Kandy, la segunda ciudad más grande de Sri Lanka tras Colombo, la capital. Con su acaramelado nombre y su bonito lago uno espera llegar a un verde remanso de paz y armonía, pero el tráfico y los cláxones rápido te plantan los pies en la tierra. Esto no es Rivendel, no. Al menos los verdes montes de los alrededores le dan un toque distinto a la ciudad, y el lago podría ser perfecto, si no estuviera rodeado por una carretera con buses y tuk tuks rodando sin parar. En sus orillas se pueden ver lagartos que te podrían engullir si se lo propusieran (si eres muy pequeño). En Kandy el sitio más famoso es el Templo del Diente de Buda, lugar sagrado y destino de peregrinación. Pero las 1000 rupias (7,50 €) que cuesta la entrada hacen que nos conformemos con verlo de lejos. Total, ya vimos uno de los dientes de Buda en Myanmar y hasta completar los 32 dientes que posee una dentadura humana adulta todavía tendremos más oportunidades en la vida. Entre lluvias y visitas a la ciudad pasamos un par de noches en Kandy, ya que tampoco parece necesario quedarse más. Aunque las panaderías de la ciudad hacen que gane puntos, los precios altos de los alojamientos y algunos restaurantes hacen que pierda.   Cogimos el tren desde Kandy hasta Haputale, en lo que es una de las líneas férreas más famosas del país, atravesando las zonas más altas y verdes de Sri Lanka. El tren es un buen medio para viajar y, al igual que el autobús, es insultantemente barato. La segunda clase es difícil de conseguir con poca antelación y también más cara (te cobran por la reserva más que por el billete en sí) pero si eres uno de esos a los que “les gusta la gente” la tercera clase te encantará, porque irás con mucha. Tanta que seguramente no te puedas sentar en un buen rato. En nuestro caso pasamos las 2 primeras horas de pie, de las 6 que dura el recorrido. Es como el metro en hora punta, pero con locales y turistas a partes iguales. El trayecto pasa por unos paisajes muy verdes y pintorescos mientras el tren recorre tranquilo las laderas de montes y colinas, y tienes tiempo de intercambiar conversaciones y sonrisas con la gente local de Sri Lanka, por lo general muy agradable. También te da tiempo a odiar a los turistas chinos, como casi siempre. En nuestra ruta hacia Haputale pasamos de largo algunos de los sitios emblemáticos de Sri Lanka, como Adam’s Peak, donde no pararíamos, hasta que finalmente llegamos a nuestro destino entre lluvias torrenciales. ¡Qué bonito es el verde, eh!   Haputale es un pequeño pueblo de montaña (montaña de Sri Lanka, nada de Everests), tranquilo y muy local, en el que hay varios alojamientos baratos que están bien. Lo que parece que olvidaron es abrir algún que otro restaurante para...

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Anuradhapura y Polonnaruwa, las antiguas capitales

Posted by on 19/02/2015 in Asia, Diarios de viaje, Sri Lanka, Un relato de Oceanía y Asia | 4 comments

Anuradhapura y Polonnaruwa, las antiguas capitales

Anuradhapura y Polonnaruwa, las ciudades históricas [mytabs name=’Anuradhapura y Polonnaruwa’] ¡Ya hemos aterrizado en Sri Lanka! En principio este país no entraba para nada en nuestros planes, pero viendo que nos íbamos acercando al final de nuestra ruta, que será en la India, hemos decidido estirar este viaje un poquito más; después de más de un año fuera eso de tener tan sólo un par de meses por delante antes de acabar sabe a poco. Al meter Sri Lanka en último momento y tener el presupuesto ya tiritando, hemos decidido venir poco tiempo (sólo 17 días) y hacerlo de forma barata. Las entradas a la mayoría de sitios arqueológicos e históricos en este país son muy caras, sobre todo para lo que ofrecen. Así que vamos a evitar pagar los 20 US$ o 30 US$ que cuesta cada entrada. Comenzamos la ruta por Sri Lanka en Negombo, el pueblecito costero turístico junto al aeropuerto, a unos 40 km al norte de Colombo, la capital del país. Cuando más te sorprenden los países es al principio, cuando aún no conoces su cultura y todo lo que ves te sorprende, comparándolo con el sitio del que vienes. Y nosotros veníamos de Myanmar, un país que nos encantó, así que el listón estaba muy alto. La gente en Sri Lanka nos entró bien de primeras; gente simpática, alegre, con rasgos mucho más indios, pero también más pillos y espabilados que mucha gente en Asia, no tienen ese punto ingenuo que se ve en otros sitios. Aquí también tienen su famoso meneito de cabeza hacia los lados para decir que sí, como en India; ese meneito y esos gestos que hacen que te acabes volviendo loco a veces, sin saber qué leches te quieren decir. Todo el mundo coincide en que Sri Lanka es una versión suave de India, más limpio, más organizado y con gente que te da menos la brasa. Al llegar a Negombo ya vimos que la playa valía poco. No se bañaban ni los perros. También porque había fuerte oleaje y el mar estaba muy turbio, pero no apetecía quedarnos aquí más de lo estrictamente necesario. Es curioso porque está lleno de alojamientos turísticos y se ven guiris por doquier. Mi sueño desde que los vi por primera vez fue alquilar un tuk tuk. De mayor quiero ser conductor de tuk tuk para poder engañar a los turistas y llevar a las abuelas al mercadillo al grito de «one dollar only!«. Pues Sri Lanka es el lugar perfecto para alquilar un tuk tuk y recorrer con él todo el país. Y yo quería intentarlo. El problema estaba en nuestro presupuesto, como os decía al principio. Regateando un poco consigues que te lo dejen en los 12 US$ por día, pero nosotros no queríamos pagar más de 8 US$, sobre todo porque Sri Lanka es el país con los buses más baratos de los que he visto hasta ahora. Así que lo peleamos con uñas y dientes con todo aquel que vimos, preguntando y regateando, hasta que al final conseguimos que un tipo bajito con bigote nos lo dejara por 9 US$ al día. Pero nos acabó engañando, era todo mentira. Al día siguiente, cuando fuimos felices a por nuestro tuk tuk, el tipo nos dio largas y nos dijo que volviéramos a las 12:00, perdiendo media mañana. Cuando volvimos alegó mil...

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Mawlamyine y Hpa-An, el sur de Myanmar

Posted by on 10/02/2015 in Asia, Diarios de viaje, Myanmar, Un relato de Oceanía y Asia | 5 comments

Mawlamyine y Hpa-An, el sur de Myanmar

Mawlamyine y Hpa-An [mytabs name=’Mawlamyine y Hpa-An’] Tras disfrutar de Bagan y sus templos nos hemos venido a Mawlamyine y Hpa-An, en la que será la última etapa de estos 27 días en Myanmar. En principio estos dos lugares no entraban en nuestros planes, pero como conté al final del capítulo anterior, nuestras primeras opciones eran excesivamente caras para poder permitírnoslo, así que acabamos viniendo aquí a pasar nuestros últimos 6 días birmanos. Para venir hasta Mawlamyine y Hpa-An llegamos en bus nocturno desde Bagan a Yangon y, sin movernos de la estación, cogimos otro bus de 7 horas desde Yangon a Mawlamyine. No sé si lo he contado ya, pero los birmanos en los buses tienen la sana y bonita costumbre de vomitar como si no hubiera un mañana. Como mínimo uno por bus siempre nos da el recital, y a veces hay efecto dominó y tenemos orquesta sinfónica al completo. Yo ya me he acostumbrado, pero Carol corre siempre a ponerse la música. A nuestra llegada a Mawlamyine vimos que aquí hacía más calor que en el resto de Myanmar. Se encuentra más al sur, así que supongo que el invierno afectará menos. Buscamos refugio en una guesthouse barata (tarea difícil), donde conocimos a Miguel Ángel y Cathy, y exploramos un poco la ciudad y los alrededores. Mawlamyine nos aportó más bien poco. La ciudad (tercera en tamaño de Myanmar) está a orillas de un gran río y tiene un bonito complejo religioso en lo alto de una pequeña colina; nosotros alquilamos una moto para ir rumbo sur visitando varios sitios. La experiencia fue más el paseo en moto por la carretera que los sitios a visitar, que fueron un cementerio de la segunda guerra mundial y ¿a que no os imagináis qué más? ¡Pagodas y estatuas de Buda! Nos quedamos ojipláticos, boquiabiertos y patidifusos, ¡la primera vez que veíamos algo así en Myanmar! Ironías aparte, en la ruta vimos varias pagodas y la estatua del Buda reclinado más grande del mundo. Esta gente tiene un problema de complejos, yo creo. Se trata de un gigantesco Buda tumbado de 180 metros de largo y 30 metros de alto. Se puede entrar dentro, pero tiene bastante menos encanto que el de Monywa, y aún está en construcción. Pero no es sólo eso, aún hay más… Pese a no estar terminado, justo enfrente, a escasos 50 metros, están construyendo otro Buda reclinado, ¡que será aún mucho más grande! Quizás consigan batir el récord y construir el Buda más grande de la galaxia, ¿quién sabe? Lo que cuesta entender es por qué invertir toneladas de hormigón y dinero en construir Budas a destajo y pagodas en cimas imposibles en lugar de mejorar las condiciones de vida de los birmanos… Pero igual eso no es de mi incumbencia, claro. Además de todo esto, que hicimos por libre, hay una excursión organizada a una isla cercana llamada la «Isla del Ogro«, pero costaba 15 US$ por persona y no fuimos.   Como dije, visitamos Mawlamyine y Hpa-An. Y ya que la primera no nos convenció demasiado, tras un par de días pusimos rumbo a la segunda, a menos de 2 horas de distancia en autobús. También se puede hacer en un agradable paseo en barco, pero cuesta 10 veces más. Hpa-An es más pequeño que Mawlamyine, y diría que más acogedor, pese a no ser precisamente el pueblo de Heidi y el abuelo. Tiene un...

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Los templos de Bagan, amaneceres y atardeceres

Posted by on 08/02/2015 in Asia, Diarios de viaje, Myanmar, Un relato de Oceanía y Asia | 7 comments

Los templos de Bagan, amaneceres y atardeceres

Los templos de Bagan, amaneceres y atardeceres [mytabs name=’Bagan’] Llegamos al fin a Bagan, el sitio más visitado de todo Myanmar, famoso por sus templos en ruinas distribuidos a lo largo de kilómetros de paisaje llano y árido salpicado de árboles, como si de la sabana africana se tratase. Bagan también es famoso por sus amaneceres y atardeceres, espectaculares entre ruinas y bruma. Sin embargo, antes de Bagan, hicimos una noche en Pakokku, un pequeño pueblo que se encuentra a dos horas antes de llegar. Paramos aquí porque salimos de Monywa y su buda gigante a mediodía y hasta la noche no llegaríamos a Bagan, donde sabíamos que los alojamientos eran caros. Así que por ahorrar decidimos quedarnos en Pakokku. Fue un error. No sólo el alojamiento más barato de Pakokku ya era caro, si no que además resultó ser malo. El pueblo no tiene apenas nada que ver, salvo un bonito mercado local y la total ausencia de turistas, lo que hace que aquí los locales sean especialmente simpáticos con los extranjeros. ¡Sí, aún más! El clímax llegó cuando a las 4:00 am nos despertó el altavoz del monasterio que estaba a 50 metros cantando alegres tonadillas a volúmenes indecentes, dándonos la sensación de que el mismo Buda convertido en destructor de mundos venía a buscarnos. Nos levantamos muy cabreados y con la volátil idea de prenderle fuego al monasterio. Luego se nos pasó, con el café, mientras hacíamos manualidades durante el desayuno. Me explico. La entrada a Bagan cuesta 20 US$. No diré que no los valga, porque sería mentir. Pero si es cierto que, por lo que sabemos, todo ese dinero se lo queda el gobierno (la junta militar) y no se destina ni un dólar a potenciar la zona, ayudar al desarrollo de los pueblos o incluso mantener y reformar los templos y ruinas (sale de inversiones privadas, al parecer). Así que, como ayudar a potenciar el gobierno militar de Myanmar no entra en nuestros planes y teníamos unas entradas que nos habían dado, hicimos manualidades, porque habían caducado hacía una semana.   Las entradas a Bagan son válidas para 5 días. Sólo teníamos que cambiar con un boli (azul) un 13 por un 23 y ya serían válidas, aunque resultó ser más complicado de lo que parecía. Pero entre borrones, pintadas, la atónita mirada de los locales, mojar las entradas en el té, correr la tinta y demás experimentos, conseguimos un resultado parcialmente positivo y al final, contra todo pronóstico, ¡entramos en Bagan con los tickets caducados! Aunque yo prefiero decir “restaurados”, igual que muchos de los templos. Comenzamos viendo el amanecer en Bagan. Para eso alquilamos unas bicis eléctricas y a las 5:00 am nos fuimos, sin mucha idea, hacia los templos. Sabíamos que había uno especialmente famoso, la Shwesandaw Paya, el “sitio para ver el amanecer en Bagan”. Aunque estaría lleno de gente, queríamos probar allí el primer día. Entre la oscuridad de la noche, las prisas y la desorientación nos acabamos subiendo al primer templo que pudimos (no en muchos se puede subir), porque el amanecer se nos echaba encima. Seríamos más de 50 personas en ese templo, preparándonos para ver uno de los amaneceres más espectaculares que hemos visto en este viaje. Ingenuamente pensábamos “si aquí hay 50 personas, ¿cómo...

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Mandalay y el Buda gigante de Monywa

Posted by on 05/02/2015 in Asia, Diarios de viaje, Myanmar, Un relato de Oceanía y Asia | 7 comments

Mandalay y el Buda gigante de Monywa

Mandalay y el Buda gigante de Monywa [mytabs name=’Mandalay y Monywa’] Tras viajar a velocidades cercanas a las de la luz en el tren desde Hsipaw llegamos a Mandalay una cálida noche de invierno (suena bien, eh) junto con Amy y Artiq (canadienses ellos), con los que compartimos trayecto desde nuestra gueshouse en Hsipaw hasta nuestra marcha de Mandalay. Pese a ser la segunda ciudad más grande de Myanmar, veníamos avisados de que Mandalay no era New York ni París. Pero con lo que no contábamos era con pasear por calles desiertas y sin luz en compañía de apenas unas pocas figuras que deambulaban sombrías, como si de una película postapocalíptica de zombies se tratase. En otros lugares del mundo ya me habrían saltado las alarmas, pero una cosa se puede asegurar de aquí: Myanmar es un país seguro. El escaso encanto de Mandalay hace que venir hasta aquí sólo merezca la pena para poder visitar 3 pequeños sitios en sus alrededores, Sagaing, Inwa y Amarapura. Esta visita se puede hacer perfectamente en un día, bien en un tuk tuk (con conductor todo el día) o bien alquilando una moto, como hicimos nosotros cuatro (miento, en realidad fueron 2 motos, como supondréis). Ésta opción nos pareció más entretenida y también era más barata. El primer sitio, Sagaing, está a algo más de una hora en dirección sur, atravesando el gigantesco río Ayeyarwady. Es famoso por su colina repleta de templos, con buenas vistas del río y los alrededores desde lo alto. El calor hizo que no nos detuviéramos mucho y fuéramos directamente a la cima de la colina. ¡Siempre a lo más alto!   Como íbamos parando y a nuestro ritmo, decidimos no ir al segundo de los sitios, Inwa. Lo importante de este pequeño pueblo parece ser una serie de templos en los que hay que pagar entrada. Si algo abunda en Myanmar son los templos, las pagodas y los budas, así que nos saltamos Inwa con la intención de llegar a tiempo a la puesta de sol en Amarapura, el sitio más famoso de los alrededores de Mandalay. Cuando llegamos a Amarapura descubrimos que todo turista a 50 kilómetros a la redonda debía haber venido aquí. Había gente por doquier, paseando arriba y abajo, esperando a la puesta de sol. Y no sé dónde se meten, porque en la ciudad tampoco vimos demasiados. Amarapura es famosa por su puente, el más grande del mundo construido de teca. Es un puente bajito y alargado, muy pintoresco, sobre el que la gente camina de una punta a la otra mientras esperan a la puesta de sol. Puesta de sol que por cierto es impresionante. Saturados ya de fotos de puestas de sol y amaneceres, ¿eh? Pues ahí van unas cuantas más (y ya veréis en Bagan…). Pero no sé que esperáis, ¿fotos de la bolera y el club naútico?     Nos despedimos de Artiq y Amy, y también de Mandalay. Antes de ir a Bagan decidimos hacer una parada en un sitio que estaba -más o menos- a mitad de camino: Monywa. El motivo de nuestra visita a este pueblito local es visitar un descomunal buda, que equivocadamente creíamos que era «la estatua más grande del mundo«. ¡Malditas guías de viaje, siempre nos engañan! Más tarde nos enteraríamos de que la estatua más alta del mundo se encuentra en China. ¡Cómo no! Si tienes un...

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Hsipaw y los trenes en Myanmar

Posted by on 01/02/2015 in Asia, Diarios de viaje, Myanmar, Un relato de Oceanía y Asia | 4 comments

Hsipaw y los trenes en Myanmar

Hsipaw y los trenes en Myanmar [mytabs name=’Hsipaw y Trenes’] Llegamos a Hsipaw tras visitar el carismático Inle Lake y después de otro viaje en autobús nocturno que nos dejó de nuevo en medio de una oscura, fría y desolada calle a eso 5:00 am. ¿Lo harán aposta las compañías de buses, para ver guiris dormidos y desorientados por las calles? Al menos no corríamos riesgo de congelación, como al llegar a Kalaw. Hicimos una primera batida por Hsipaw (se pronuncia Sipó) en busca de una guesthouse barata para dejar nuestra mochilas y recorrer intrépidos los alrededores meternos en la cama y volver a dormir. Tras preguntar en un par de sitios nos quedamos en la guesthouse más barata que encontramos, pero no podíamos entrar hasta las 8:00 porque estaba llena. Esperamos en el «bar» de enfrente (con perdón al resto de bares el mundo) tomando un café con churros birmanos y hablando con Estefanía, una madrileña a la que despertamos sin querer: las paredes de las habitaciones eran de papel. La gente viene hasta Hsipaw a hacer trekkings, ya que el pueblo es muy tranquilo y tampoco hay demasiado que hacer.  Todos los alrededores están repletos de pequeños poblados en los que viven diferentes etnias; las rutas de los trekkings pasan por estos pueblos; duermes en sus casas, les conoces (aunque sea un poco)… Es una zona interesante. Se compara con el trekking de Kalaw al Lago Inle; conocimos gente que prefería éste y conocimos gente que prefería el otro, para gustos colores. Nosotros decidimos finalmente no hacer ninguno de estos trekkings de varios días porque teníamos muy reciente el anterior y además el tiempo no acompañaba demasiado, entre nubes y lluvia. Pese a ello, nos quedamos aquí 3 noches muy tranquilos y a gusto, el alojamiento era el más barato hasta la fecha en Myanmar.   Hasta la fecha no habíamos visto a ningún español en Myanmar. Franceses muchos, por todos lados, más que estupas (¡¡¡mentira!!!), pero no españoles. Pues bien, de repente conocimos a 6 de golpe. Aparte de Estefanía, que se fue esa tarde, hicimos un pequeño grupo estos días en Hsipaw con Alba, Vicky, Albert, Elena y Fer. Cada cual por su lado y con su viaje particular, todos estábamos de ruta por Myanmar e hicimos piña rápido, juntándonos para pequeñas caminatas de un día por los alrededores y echando las birras por la noche, ¡que no falten! Juntos, fuimos a ver unas cascadas uno de los días, pasando por un combo de cementerios adyacentes (birmano, chino y musulmán) y por pequeñas casas y granjas. La gente, como en todo Myanmar, siempre sonríe y te saluda. Las cascadas no eran Iguazú pero para echar la mañana no estuvo mal el paseo. Mientras tanto nos contábamos la vida. Al siguiente día hicimos otra ruta mañanera a unos hot springs (o aguas termales). Lo podría definir más bien como «3 pequeñas pozas de agua tibia junto al río»; sería más realista aunque sé que no suena tan atrayente. En una de ellas había unos birmanos bañándose y lavando ropa (la mejor manera de conservar unas aguas termales parece ser el detergente para la ropa…), y como en este país no ven muy bien eso de bañarse en bikini en su presencia, nos acabamos yendo a las del fondo, más ocultas, para que las chicas también se pudieran remojar.   El último día nos despedimos con pena, después de haber formado...

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Inle Lake, vida en el lago

Posted by on 31/01/2015 in Asia, Diarios de viaje, Myanmar, Un relato de Oceanía y Asia | 0 comments

Inle Lake, vida en el lago

Inle Lake, vida en el lago [mytabs name=’Inle Lake’] La recompensa a nuestros últimos 3 días de trekking desde Kalaw fue llegar a Inle Lake, posiblemente el destino más visitado de todo Myanmar tras Bagan. El trekking acabó en Tone Le, en el oeste del lago, desde donde una barca nos cruzó en 45 minutos hasta el centro neurálgico de Inle Lake, donde se concentran la mayoría de guesthouses y restaurantes: Nyaungshwe. Lo sé, el nombre parece el resultado de aporrear el teclado sin criterio, pero se llama así. Llegamos a Nyaungshwe a mesa puesta, como quien dice, porque ya teníamos el alojamiento reservado desde Kalaw. Era necesario para que pudieran enviarnos directamente nuestras mochilas grandes (incluido en el precio del trekking), así que al llegar sólo tuvimos que preguntar varias veces a los locales para encontrarlo y darnos nuestra merecida ducha. Se supone que Nyaungshwe es uno de los principales centros mochileros del país, y puede ser si lo comparamos con el resto de sitios. Pero basta con pasear por sus calles tranquilas y ver la vida local, salpicada esporádicamente por algún restaurante o guesthouse, para darte cuenta de que a Myanmar el turismo no ha llegado como a otros países. Aún así, es uno de los pocos sitios donde podrás encontrar alguna opción gastronómica no local (pasta, hamburguesas, pizzas, comida india…), pero todo algo más caro, por supuesto. En el pueblo hay algún monasterio y, como en todo Myanmar, varias pagodas, doradas y relucientes. El país está lleno de ellas. Pero sobre todo se ve que toda la región de Inle Lake gira en torno al propio lago, como veríamos más adelante. También se pueden hacer pequeñas escapadas en bici a las afueras, pero nosotros no las hicimos.   Quedamos con Nick y Julie, nuestros compañeros en el trekking, para hacer un día de tour por Inle Lake. Los precios por contratar una barca para todo el día son más o menos estándar, y baratos. En nuestro caso fueron 15 US$ por la barca, así que tocábamos a 3’75 US$ por persona. Por supuesto, algo tan barato siempre tiene una razón detrás, como descubrimos después. Aconsejados por gente que habíamos ido conociendo, decidimos comenzar nuestro tour a las 5:30 de la mañana, para impregnar en nuestra retina ese mágico momento del amanecer en el que el sol se perfila sobre la silueta de los montes junto a los que descansa el plácido Inle Lake. La realidad fue bien distinta. Lo único que impregnó nuestras retinas fue el agua, porque amaneció nublado y lluvioso. Elegimos mal día para hacer el tour, ni rastro de sol, en las fotos os daréis cuenta. Al menos el barquero tuvo la amabilidad de dejarnos una manta y un paraguas por niño, así que íbamos arrebujados en una y cubiertos con el otro mientras la barca se deslizaba por el lago y veíamos a los pescadores remar con un pie mientras manejaban la red de pesca con las manos, sin duda la estampa más famosa de Inle Lake.   El tour, como decía, tenía trampa. Como casi todos, vaya. Y es que, entre visita y visita a los principales sitios de Inle Lake, el barquero nos iba colando una parada a una tienda de cada tipo: plata primero, abalorios de distinta clase después, una fábrica de telares a continuación y una fábrica de cigarros para culminar. Y porque le dijimos que NO al restaurante. A cambio he...

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