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De Kalaw a Inle Lake, 3 días de trekking

Posted by on 27/01/2015 in Asia, Diarios de viaje, Myanmar, Un relato de Oceanía y Asia | Comentarios desactivados en De Kalaw a Inle Lake, 3 días de trekking

De Kalaw a Inle Lake, 3 días de trekking

De Kalaw a Inle Lake, 3 días de trekking [mytabs name=’De Kalaw a Inle Lake’] Tras entrar  a Myanmar por Yangon y la Golden Rock, nuestra visita al país continuó dirección noreste, hacia Kalaw, en un bus nocturno. Pronunciado “Caló”, en realidad lo que aquí hace es un frío del carajo. El bus nos escupió a las 4:30 am en mitad de una desolada calle a la que bajamos en chanclas, totalmente vendidos al frío en la oscuridad de la noche. Un muchacho que allí había (pobre de él también) nos ofreció su guesthouse; estaba algo lejos pero nos llevaban, así que nos zambullimos en el coche calentito y allí que fuimos, a dormir otra vez. -“ Myanmar es un infierno”- decían. –“¡500 grados a la sombra, ya veréis!”- así que veníamos preparados para el calor extremo. Pero es enero. Y en ciertas partes del país se nota más que en otras. En Kalaw había 5 grados de mínima, lo cual quizás para ti, oh lector, no sea mucho, pero para nosotros, tras meses de eterno verano, era como estar en la boda del Yeti. El pueblo es muy tranquilo. En realidad todo el que viene hasta aquí lo hace para realizar un trekking de Kalaw a Inle Lake, uno de los principales destinos del país. Y con esa intención vinimos también nosotros. Tras documentarnos un poco y estudiar las distintas opciones que teníamos sobre la mesa, contratamos un tour de 3 días y 2 noches (todo incluido, como en Punta Cana), hicimos alguna compra de última hora (p. ej: zapatillas) y nos dispusimos a gastar suela. Hicimos el trekking junto a Julie y Nick, belga y estadounidense, muy majetes ellos. De las dos opciones de ruta que se nos plantearon, entre los 4 decidimos optar por la opción más “social” frente a la otra opción, más “paisajística”. Creíamos que éste era un trekking enfocado a la gente y las etnias, a los pueblos en los que pasas el tiempo, más que a una sobrecogedora belleza a nivel paisajístico. En los 3 días de trekking atravesamos distintos tipos de paisajes: desde enormes campos de chili y otras plantaciones a colinas y zonas boscosas, pasando por zonas que parecían Castilla la Mancha. En Myanmar, ¿eh? Qué locura.     Parábamos en los pueblos, hablábamos con la gente por el camino, con familias que se desplazaban de pueblos lejanos para trabajar en la construcción (muy artesanal) de pequeñas carreteras, con trabajadores en los campos de chili… Todo gracias a nuestra guía e intérprete, Nangbo. De hecho la primera noche dormimos en su pequeño poblado natal, en casa de su madre, en unas mantas extendidas en el salón. La gente de esta zona es un encanto. Además, se nota que esta opción de ruta es la menos transitada, ya que apenas vimos otro grupo de turistas durante el primer día y medio de trekking. Su familia nos acogió, siempre sonriente, e incluso nos prestaron sus ropas tradicionales para “hacernos la foto”. Durante el camino, Nangbo también nos paró en alguna escuela local, donde nos metió en las clases aprovechando su “recreo” para que viéramos como eran por dentro y pudiéramos hablar también con algunos niños y profes. Intentamos molestar lo mínimo posible, eso sí. Pero ellos estaban encantados con los turistas y...

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Yangon y la Golden Rock, introducción a Myanmar

Posted by on in Asia, Diarios de viaje, Myanmar, Un relato de Oceanía y Asia | 2 comments

Yangon y la Golden Rock, introducción a Myanmar

Yangon y la Golden Rock, introducción a Myanmar [mytabs name=’Yangon y la Golden Rock’] ¡Mingalaba! Llegamos a Myanmar con las expectativas muy altas. Éste será el 13º país que visitemos este viaje, que cumplirá un añito de duración durante este mes de Enero. ¡Y parece que fue ayer cuando nos fuimos! Y como todo lo que hemos oído de Myanmar es bueno, ¡venimos con fuerzas y ganas! Myanmar es en teoría el país más virgen y menos explotado de todo el Sudeste Asiático, abierto para el turismo hace no demasiados años. Aterrizamos en Yangon desde Bangkok, como casi todo el mundo que no cruza por los escasos 2 o 3 pasos terrestres abiertos que existen. Es curioso que, pese a tener frontera con 5 países (Bangladesh, India, China, Laos y Tailandia), tan sólo éste último tiene abiertas las fronteras con Myanmar. Pese a que existe también un paso a la India, hoy por hoy son necesarios permisos especiales que ascienden a los 150-200 US$, por lo que hemos oído. Nada más pasear por Yangon, la principal ciudad de Myanmar (¡que no la capital! ¿Alguien sabe cómo se llama?), ya saboreas algo distinto, y más si vienes de Bangkok, primerísimo mundo en comparación. La ciudad no es que sea bonita, que no lo es, pero tiene vida y esencia local. La gente te mira al pasar. Muchos saludan, la mayoría te sonríen. Los birmanos son de sonrisa fácil, sólo tienes que medio esbozar una y en su cara se dibuja una amplia sonrisa. Son por lo general gente sencilla y amable. A decir verdad, la única atracción turística que realmente llama la atención de Yangon es la Shwedagon Paya, una gigantesca pagoda en lo alto de una pequeña colina a las afueras. Completamente dorada y perfectamente iluminada por la noche, es el lugar budista más sagrado de todo el país y aquel que todo birmano debería visitar al menos una vez en su vida. Vinimos aquí a ver el atardecer y no nos decepcionó en absoluto. Basta pasear un sólo día por Yangon para apreciar un buen número de detalles que hacen de Myanmar un país distinto. Por ejemplo: – Pese a que se conduce por la derecha, casi todos los vehículos tienen el volante también en el lado derecho. Esto  es porque la mayoría de ellos, o bien son japoneses (baratos), o bien son de antes de los 70, cuando los militares cambiaron el sentido de la circulación. – En Yangon están prohibidas las motos. Los rumores dicen que un alto mando militar fue atropellado por una de ellas y desde entonces se prohibieron, no sabemos si es cierto. – La mayoría de la gente pasa el día masticando betelnut, una mezcla de tabaco y varias-cosas-más que deja a la gente la boca roja (pasan el día haciendo gargajos y escupiendo saliva roja, muy agradable) y los dientes en un estado paupérrimo. Yo lo probé y la verdad es que no es gran cosa. – Para llamarse unos a otros (en todas partes) lanzan una especie de besos con sonido, exactamente igual que si estuvieras llamando a un perro. – El dinero. El maldito dinero. Pagar con moneda local (kyats) es ahora mucho más fácil que hace unos años, pero se siguen usando mucho los dólares, sobre todo para cantidades grandes. Los dólares tienen que estar en perfecto estado...

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Krabi y las playas de Railay

Posted by on 09/01/2015 in Asia, Diarios de viaje, Tailandia, Un relato de Oceanía y Asia | 6 comments

Krabi y las playas de Railay

Krabi y las playas de Railay [mytabs name=’Railay’] Krabi ha sido nuestra última parada en esta breve visita a Tailandia de medio mes. Después de pasar Fin de Año en Koh Phayam muy a gusto nos hemos venido hasta aquí, a uno de los sitios más visitados de todo el país, una de esas paradas obligatorias. Entre Krabi y Phuket se reparten el turismo de esta zona mundialmente conocida por albergar las Islas Phi Phi (las de la película La Playa) y la pequeña península de Railay. En nuestra visita hace año y medio a Tailandia ya hicimos un tour para visitar las Islas Phi Phi, y salimos algo decepcionados por lo masificado que está. Habiéndolas visitado ya, esta vez Carol y yo nos quedamos en tierra mientras Regue y Raquel hacían el tour por las islas Phi Phi; aunque estén muy explotadas es una de esas cosas que hay que visitar una vez que estás aquí. Ellos volvieron bastante contentos del tour, al parecer no estaba tan lleno como podría haber sido, viendo que estábamos en temporada altísima. Así que, lamentablemente, no os puedo deleitar con fotos de las Phi Phi. Pedídselas al Regue. Krabi es una ciudad costera que curiosamente no tiene playa, y casi ni mar, porque más bien es un río. Está ubicada en una zona de manglares desde la cual sales en barco hasta mar abierto, a escasos kilómetros. La ciudad no es especialmente bonita, es más bien una base de operaciones cómoda y a precios razonables para explorar la región. Al menos encontramos un alojamiento no muy caro (y con piscina) para estar a gusto. Lo que sí que teníamos pendiente era visitar la otra gran atracción de la región: la pequeña península de Railay. Nos planteamos alojarnos allí, pero los precios nos disuadieron rápidamente, así que nos conformamos con ir a pasar el día, suficiente para conocerlo. Pese a formar una pequeña península a pocos kilómetros de Krabi, lo cierto es que Railay es innacesible por tierra; las imponentes formaciones kársticas que la rodean la protegen del resto del continente, así que la única manera de llegar aquí es en barco. Railay está compuesta de 4 playas, todas ellas accesibles entre sí caminando: Railay Este, Railay Oeste (o Railay Beach), Phra Nang y Ton Sai. El barco desde Krabi nos dejó en Railay Este. Aunque el entorno es espectacular, es la peor playa por el trasiego de barcos y la suciedad. Además, cuando baja la marea, el mar retrocede muchísimos metros y se convierte en una zona pedregosa que dista mucho de tener apariencia de «playa idílica». Es muy curioso ver a los barcos esperar a los turistas en el mar a 50 metros de la orilla y ver tractores con remolques cargando humanos por en medio del agua hasta ellos.     A escasos 5 minutos de Railay Este se encuentra Phra Nang, la más pequeña de todas. Dominada por una enorme pared, hay una cueva en la que paran casi todos los tours. También es famosa porque aquí se practica escalada en sus cortados. Es muy bonita, pero cuando llegamos estaba a rebosar de gente y la marea estaba muy alta.   La playa más «mochilera» es Ton Sai. Se puede acceder a ella tras una penosa y salvaje caminata por en medio de la jungla (es broma, es...

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Koh Phayam, un Fin de Año isleño

Posted by on 07/01/2015 in Asia, Diarios de viaje, Tailandia, Un relato de Oceanía y Asia | 8 comments

Koh Phayam, un Fin de Año isleño

Koh Phayam, un Fin de Año isleño [mytabs name=’Koh Phayam’] Tras la visita a Bangkok y alrededores nos fuimos en busca de «nuestra isla» en Tailandia. Porque tarde o temprano todo el mundo busca una isla a la que ir en Tailandia, y hay muchas para elegir, dependiendo de los gustos. Nosotros buscábamos algo no demasiado masificado, que fuera tranquilo pero a su vez con un poco de animación para pasar Fin de Año. Dudando que quedara de eso en Tailandia y menos en temporada altísima, comenzamos buscando por intrenet en Koh Lipe. Pero parece ser que Koh Lipe se ha puesto muy de moda estos últimos años, y tras más de 20 intentos descubrimos que la isla estaba llena salvo alojamientos por encima de los 50 € y ni siquiera en la playa. Cambio de planes. Nos centramos en Koh Phayam, una isla de la que habíamos oído hablar, pequeña y tranquila junto a la frontera con Myanmar, en el mar de Andaman. Y aunque también estaba muy llena por las fechas finalmente encontramos unos bungalows en los que reservamos. Llegar a Koh Phayam no es difícil ni eterno. Sólo necesitas coger un bus nocturno desde Bangkok hasta Ranong y de ahí un barco de una o dos horas hasta la isla. Por lo que nos dijeron, Koh Phayam es hoy lo que muchas otras islas de Tailandia fueron hace bastantes años: un sitio turístico pero no desbordado. Hay varias playas y muchos alojamientos, pero en ningún sitio tuvimos la sensación de masificación que encuentras en otros lugares. Parece que no mucha gente conoce todavía esta isla. De hecho, tuvimos la misma conversación con varias personas antes de ir: – «Dónde vais a pasar Fin de Año?» – «A Koh Phayam». – «¡Genial, a la Full Moon Party!». – ¡No, Koh Phangan no! Koh Phayam.  – Ah. ¿Dónde está eso? Koh Phayam es bastante pequeña, de hecho no hay coches y la isla tiene el tamaño perfecto para recorrerla en moto. Está atravesada por pequeños caminos asfaltados que cruzan la isla y que le dan mucho encanto. Eso sí, andando las distancias se pueden hacer un poco largas. Del puerto principal a la playa del sur (Aow Yai), donde nos quedamos nosotros, hay cerca de 5 kilómetros. Carol y yo fuimos andando y tardamos más de una hora en llegar, con subidas y bajadas y acompañados de un calor de espanto. Así que lo mejor es alquilar una moto para moverse. El problema es que cuando llegamos a la isla no quedaba ni una. ¡No quedaban motos! Están todos locos. La tuvimos que alquilar al día siguiente, y con esfuerzo, ¡se las quitan de las manos!     Regue y Raquel aprovecharon también para hacer una excursión de un día de buceo, que les incluía dos inmersiones en las Islas Surin. Además de ser muy cara, no volvieron demasiado entusiasmados, sobre todo por las 5 horas de trayecto en barco a la vuelta a Koh Phayam. Están demasiado lejos y el mar estaba bastante agitado. Así que aquí celebramos la entrada al 2015 y la despedida de este increíble 2014 de viaje. Nosotros 4 junto a una pareja muy maja de Barcelona y un instructor de buceo que iba y venía, en una fiesta en la playa con música en la que no habría más de 100 personas, así...

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Bangkok y alrededores: Ayutthaya y Khao Yai

Posted by on 04/01/2015 in Asia, Diarios de viaje, Tailandia, Un relato de Oceanía y Asia | 2 comments

Bangkok y alrededores: Ayutthaya y Khao Yai

Bangkok y alrededores, Ayutthaya y Khao Yai [mytabs name=’Bangkok, Ayutthaya, Khao Yai’] Ya estamos en Tailandia! Tras pasar Nochebuena en Siem Reap y visitar los templos de Angkor el viaje continúa y nos hemos venido a Tailandia a pasar las Navidades, donde nos hemos reunido con Regue y Raquel, que vienen un par de semanitas a escapar de los fríos madrileños y de paso a hacernos una visita. Estaremos sólo medio mes en Tailandia por dos motivos: El primero es que Carol y yo ya visitamos el país hace año y medio (y no, no está registrado en ningún lugar del blog, sé lo poco profesional que soy). El segundo y más importante es que parece que medio mundo se pone de acuerdo para venir a visitar Tailandia en Navidades, así que es difícil encontrar alojamiento, transporte y servicios y los precios se multiplican hasta rozar lo absurdo en algunos casos. Así que disfrutemos de las Navidades, las playas y sobre todo los amigos, y sigamos adelante. Bangkok es para mí una de las ciudades asiáticas que más se acercan al concepto de ciudad globalizada. Pese a que me encantaría encontrarle el encanto que mucha gente le encuentra, lamentablemente año y medio después de nuestra primera visita sigo sin conseguirlo. Es grande y los atascos son terribles, puedes pasar más de una hora metido en un taxi a cualquier hora del día. Carol y yo nos lo hemos tomado con calma mientras Regue y Raquel hacían las visitas obligatorias como el Gran Palacio o el Wat Pho (el templo del Buda Reclinado). Mientras tanto nosotros aprovechamos para tramitar el visado de Myanmar, nuestro siguiente destino después de Tailandia. Es sencillo hacerlo desde Bangkok (quizás debería escribir un post sobre ello). Paseamos por la ciudad, nos dimos los masajes de rigor en Khaosan Road, el epicentro mochilero, aún más concurrido si cabe que la última vez que vinimos (prohibido venir y no darse uno). Visitamos Chinatown y el Wat Arun o Templo del Amanecer, templo budista al otro lado del río. Nos peleamos con los taxistas hasta conseguir que pusieran el taxímetro y pagamos el pato de la temporada alta a la hora de comprar billetes de autobús (más detalles en la pestaña «Datos Prácticos»). Nos montamos 6 personas en un tuk tuk y difrutamos de alguna cena en ese sitio tan barato y que tanto abunda en Tailandia: El 7-Eleven (alabado sea). Éstas y muchas más son  todas esas cosas que con las que Bangkok te obsequia, oh, querido visitante.   Después de Bangkok, ya en nuestro flamante coche alquilado -un cochazo, para ser el más barato que había- fuimos rumbo norte, a unos 80 kilómetros de la capital, hacia las ruinas de Ayutthaya, la antigua capital del Reino de Siam durante más de 4 siglos hasta su destrucción a manos de los birmanos. Ayutthaya hoy por hoy son un conjunto de ruinas diseminadas entre zonas sin construir y zonas urbanizadas. Para moverse por todo el complejo hace falta vehículo (propio o tuk tuk), porque aunque algunas de las ruinas están cercanas entre sí, hay otras que están a algún kilómetro de distancia. Las entradas se pagan por separado pero son bastante baratas, y la visita merece la pena, vimos varias en bastante buen estado. Nosotros le dedicamos unas horas hasta que el calor y el cansancio nos...

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Angkor, el centro del Imperio Jemer

Posted by on 29/12/2014 in Asia, camboya, Diarios de viaje, Un relato de Oceanía y Asia | 0 comments

Angkor, el centro del Imperio Jemer

Angkor, el centro del Imperio Jemer [mytabs name=’Angkor’] Después de nuestras últimas dos semanas trabajando en Koh Rong ponemos rumbo a nuestro último destino en Camboya: Angkor. Éste es sin duda el lugar más conocido y visitado del país, así que podemos decir que nos hemos dejado lo mejor para el final. La llegada a Siem Reap, el pueblo junto al que están las ruinas de Angkor, ya te dice que éste es un sitio muy visitado. Por las calles del centro ves más extranjeros que locales, y todo está 100% enfocado al turismo. Hay muchísimas tiendas de souvenirs, sobre todo en los mercados principales y alrededores, y puedes encontrar alojamientos y restaurantes occidentales por doquier. La visita a las ruinas de Angkor se puede planificar desde uno a varios dias. De hecho la entrada cuesta 20 US$ para un día o 40 US$ para tres días. Nosotros le dedicaríamos dos como mucho (por cuestión de tiempo) así que decidimos comprar la entrada de un día y en caso de querer volver al día siguiente compraríamos otra de un día, el precio al final sería el mismo. Todo el complejo de Angkor se encuentra a unos 6 o 7 kilómetros al norte de Siem Reap. El recinto es enorme, en total unos 4o0 kilómetros cuadrados, y hay varias opciones para visitarlo. Como está prohibido alquilar motos a extranjeros en la ciudad y nos habían dicho que la opción de verlo en bici se hacía muy pesada, decidimos ir en tuktuk, así que negociamos por 7 US$ por persona para todo el día. Comenzamos a las 5:00 am, para ver amanecer en Angkor Wat, el templo principal de todo el complejo arquitectónico de Angkor. Si en algún momento pensamos que sería algo mágico y solitario eso se nos quitó de la cabeza en cuanto saltamos a la carretera. Cientos de tuk tuk cargados de turistas iban hacia Angkor con el frío de la noche (porque hacía frío, lo prometo). Al llegar a Angkor Wat hordas de humanos se agolpaban junto al lago para ver la salida del sol, así que allí esperamos, todos juntitos, a que el astro rey nos saludara. Pese a que se pierde toda la mística hay que decir que es un bonito amanecer, con la luz perfilándose contra las siluetas de las torres de Angkor Wat. Angkor Wat es el principal reclamo de todo el complejo de Angkor, sus templos más famosos y los mejores conservados de todos los que el Imperio Jemer edifico aquí. Aún se pueden apreciar los increíbles bajorrelieves en los frisos exteriores y las esculturas con un detalle excelente. Dicen que cuando todo el reino de Angkor cayó en el olvido y la jungla se apoderó de sus ruinas, Angkor Wat fue el único que permaneció siempre habitado por un grupo de monjes budistas que vivían aquí y lo mantenían conservado, pese a que fue un completo desconocido para occidente hasta el siglo XIX.     Pero todo el complejo arquitectónico de Angkor es mucho más que Angkor Wat. Kilómetros y kilómetros de ruinas, imposible de visitar todo ello andando. Seguimos nuestra ruta en tuk tuk hasta Angkor Thom, lo que fue la ciudad real intramuros construida en el siglo XII. Dentro se encuentrá el Bayón, un enorme templo budista en sus orígenes en el que hay 54 torres que presentan unas 200...

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Trabajando en Koh Rong 2 semanas

Posted by on 24/12/2014 in Uncategorized | 4 comments

Trabajando en Koh Rong 2 semanas

Trabajando en Koh Rong 2 semanas [mytabs name=’Koh Rong’] Tras el último capítulo hablando de Kampot y Kep hemos seguido buscando playa en Camboya, ¡ya la echábamos de menos! Nuestra intención ahora era encontrar un sitio cómodo en la costa para quedarnos a trabajar un par de semanas y así reducir gastos. Comenzamos buscando en Sihanoukville, la capital costera del país. No traíamos demasiadas esperanzas porque todo lo que habíamos oído no era demasiado bueno. Y efectivamente, los rumores son ciertos. Sihanoukville es una ajetreada ciudad costera repleta de turismo, desbordada de gente y abarrotada de chiringuitos y bares a pie de playa con cientos de sillas amontonadas y mesas a rebosar de restos de comida y bebida de locales y extranjeros. Eso sería un buen resumen de Serendipity, la principal playa de Sihanoukville. Además la ciudad es famosa por su fiesta, su noche y su prostitución, e incluso dicen que puede llegar a ser algo peligrosa.     Decidiendo huir de allí nos fuimos a una playa tranquila a unos 6 o 7 kilómetros hacia el sur: Otres Beach. El cambio mereció la pena. Aún siendo turístico, la densidad de bungalows y bares en la playa no tiene nada que ver con el centro de Sihanoukville. Sitios tranquilos y una bonita y larga playa, pese a que los precios son más altos que en cualquiera de los sitios que hemos estado hasta ahora en Camboya. Aquí nos quedamos un par de noches, relajados en la playa, visitando el curioso mercado hippy de los sábados y decidiendo dónde buscar  a continuación. La opción elegida fue Koh Rong, una pequeña y paradisíaca isla a una hora en barco (que en realidad son dos) de Sihanoukville. Así que hasta allí fuimos buscando trabajo, sabiendo que la isla había cambiado bastante en los últimos 3 o 4 años. Al llegar a Koh Rong encontramos una isla 100% mochilera y con cada vez más fiesta, aunque por fortuna las playas siguen siendo increíbles y limpias y la masificación aún no ha llegado a extremos insostenibles. Preguntando por los diferentes sitios de la isla encontramos trabajo rápido en el Bamboo, al ser temporada alta se necesitaba western staff por todas partes. Trabajaríamos dos semanas por la tarde-noche, yo dentro de la barra sirviendo bebidas y Carol fuera atendiendo a las mesas. El sueldo es cero, el trabajo es a cambio de cama, 3 comidas al día (muy buenas) y las bebidas incluidas. ¡Por lo menos conseguiríamos no gastar nada en estas dos semanas! Así que entre barbacoas y cocktails hemos ido conociendo poco a poco esta pequeña isla. Como todo, tiene sus pros y sus contras. Si estás buscando fiesta y playas paradisíacas, Koh Rong es tu sitio. En la isla no hay vehículos a motor, de hecho no hay carreteras hacia el interior, es todo jungla. No debe haber más de 30 o 40 alojamientos en toda la playa principal de Koh Rong, y pese a que muchos residuos van directamente al agua las playas todavía se conservan muy bien y el agua está muy limpia. Como «contras», si te quedas en la zona del pueblo o aledaños (la más barata) necesitarás tapones si quieres dormir antes de las 3:00 am. Los alojamientos son muy básicos (y en temporada alta no bajan de 10 US$), apenas una habitación con paredes de bambú...

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Kampot y Kep, el tranquilo sur de Camboya

Posted by on 11/12/2014 in Asia, camboya, Diarios de viaje, Un relato de Oceanía y Asia | 1 comment

Kampot y Kep, el tranquilo sur de Camboya

Kampot y Kep, el tranquilo sur de Camboya [mytabs name=’Kampot y Kep’] Abandonamos Phnom Penh después de 7 días en la capital y nos dirigimos hacia Kampot y Kep, en el sur de Camboya, junto al mar. Kampot es un pueblo tranquilo junto a un río que escasos kilómetros más adelante desemboca en el mar. Mucha gente hace una parada aquí durante unos días por el ambiente relajado del pueblo y la vida local. Además hay un buen puñado de extranjeros aquí viviendo que han montado negocios para el turista, como alojamientos y restaurantes. Es un buen sitio para relajarse y dar paseos por los alrededores, aunque si esperas una sobredosis de actividad, locura y desenfreno te defraudará lo poco que hay que hacer aquí. En la zona de Kampot y Kep se vive en gran parte de la producción de sal y sobre todo de pimienta, muy famosa. Hubo un tiempo, antes de la llegada al poder de Pol Pot y los Jemeres Rojos, en que la pimienta de Kampot era reconocida internacionalmente y se dice que cualquier buen restaurante francés que se preciara la tenía. Después llegó la oscuridad y el declive y en estos últimos años se ha revitalizado la producción de nuevo. Hay visitas organizadas a los campos de pimienta de Kampot, pero nos pareció demasiado caro, así que nos lo saltamos. En Kampot nos dedicamos simplemente a pasear arriba y abajo, a lo largo del río hacia su desembocadura en el Golfo de Tailandia y hacia los caminos al norte del pueblo con una moto alquilada. Y por supuesto a disfrutar de las increíbles puestas de sol sobre el río.     Con nuestra moto alquilada fuimos también hasta Kep, a unos 25 kilómetros de Kampot por una carretera en perfecto estado, algo que agradecimos después de algunas de las carreteras que hemos recorrido en moto por estos países. Hasta la década de los 60 Kep era el destino playero preferido de Camboya, antes de que Sihanoukville ocupara su lugar. Kep tiene una pequeña playa, bastante limpia, y unos cuantos alojamientos junto a ella. Lo más famoso de Kep, sin embargo, son los cangrejos. Es la delicia local y hay una hilera de restaurantes sobre el mar (literalmente) en los que te los sirven en diferentes estilos. También hay un pequeño mercado local junto a los restaurantes. Por supuesto hemos probado los cangrejos de Kep y la verdad es que la fama es bien merecida, además con una salsa de pimienta (la otra especialidad local) que estaba para chuparse los dedos. En Kep también hay una gran cantidad de antiguas villas de veraneo que fueron totalmente destruidas durante la época de los Jémeres Rojos y los años siguientes. Hoy en día aún se pueden ver estas ruinas, aunque algunas de ellas están siendo reconvertidas y reconstruidas. Otro sitio que se puede visitar en los alrededores es el Parque Nacional de Kep, a unos 40 kilómetros. Nosotros no fuimos porque nos dijeron que habían construido un casino/resort (o varios, ya no sé) y que aparte de ese monstruo de hormigón y una vista bonita desde lo alto el sitio no tenía mucho más interés.     Después de estos días en Kampot y Kep nos vamos hacia Sihaounkville. Por desgracia Camboya está cumpliendo con nuestros pronósticos de ser el país más flojo de los visitados hasta ahora....

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Kratie y Phnom Penh, llegando a Camboya

Posted by on 07/12/2014 in Asia, camboya, Diarios de viaje, Un relato de Oceanía y Asia | 0 comments

Kratie y Phnom Penh, llegando a Camboya

Kratie y Phnom Penh, delfines de río y 7 días en la capital camboyana [mytabs name=’Kratie y Phnom Penh’] ¡Llegamos a Camboya! Parece que los últimos que estuvieron aquí se dejaron la calefacción puesta, ¡menudo calor hace! Y no es que este último mes en Laos hayamos pasado frío, precisamente, pero esto cada vez va a peor. Hemos comenzado nuestras andanzas por Camboya en la ciudad de Kratie (en realidad un pueblo grande), a medio camino entre la frontera con Laos y Phnom Penh, la capital. No es que haya demasiado que hacer aquí, pero nunca viene mal una parada para hacer el viaje más ameno. Kratie tiene unos bonitos atardeceres, un ritmo tranquilo junto al Mekong y es considerado como uno de los mejores sitios para acercarse a ver los raros delfines de Irawadi. Estos tímidos delfines de río se pueden ver a unos 15 kilómetros al norte de Kratie. Para ir hasta allí alquilamos unas bicis por 1 US$ y, poniendo a prueba nuestro nivel de sudoración, fuimos cuando el sol estaba en ese punto en el que no da ni sombra hasta el pequeño embarcadero desde el que los barqueros te llevan. Tardamos una hora en llegar, más o menos, y el paseo es bastante bonito. Hay mucha vida local, casas de madera, el Mekong a un lado y una agradable carretera muy arbolada en algunos tramos, lo cual supuso un respiro al implacable calor. La visita a los delfines nos pareció cara. Tienes que alquilar una barca para 2 o 3 personas por la que pagas 9 US$ o 7 US$ por persona, dependiendo de si van 2 o 3, y el barquero te da vueltas por el Mekong durante 1 hora buscando delfines. Vimos bastantes delfines -o muchas veces los mismos, quién sabe-, lo malo es que sólo asoman un momento fuera del agua con lo cual realmente es una visita para ver «lomos de delfines», como bien veréis en las fotos. De todos modos esto es evidente, nadie espera que los delfines hagan cabriolas y salten por encima de la barca en la que vas.     Después de Kratie nos fuimos a Phnom Penh, la capital del país, a la que le hemos cogido más cariño del esperado. Quizás sea por no haber leído muchas cosas buenas acerca de ella, pero el caso es que a nosotros nos gustó más de lo previsto. Algo que nos ha sorprendido al llegar es que en Camboya se utiliza el dólar americano. Además tienen el riel, pero éste se utiliza sobre todo como cambio, para cantidades pequeñas. Los cajeros suelen dar dólares. El caso es que, como queremos visitar India en algún momento de este viaje, nos pusimos a indagar y leímos que tramitar el visado indio en Phnom Penh era buena idea. Más sencillo y barato que hacerlo en Bangkok, al menos. El problema es que hemos tenido que estar 7 días en la capital camboyana esperando al visado, así que nos ha dado tiempo a conocerla bien, aunque nos lo hemos tomado con calma. Phnom Penh derrocha esencia asiática por los cuatro costados. Es una mezcla de amplias calles cuidadas con tráfico espantoso y numerosas callejuelas repletas de basura sin ninguna iluminación. La gente nos pareció agradable y hay algunos sitios en la ciudad y alrededores que merece la pena visitar.   Para los que no lo sepan, Camboya vivió unos...

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El sur de Laos, tras el rastro del Mekong

Posted by on 30/11/2014 in Asia, Diarios de viaje, Laos, Un relato de Oceanía y Asia | 4 comments

El sur de Laos, tras el rastro del Mekong

El Sur de Laos: Pakse, Champasak y las 4000 islas del Mekong [mytabs name=’Sur de Laos’] Ya estamos acabando nuestro recorrido por Laos, en el que estamos atravesando el país de norte a sur; éste será el último capítulo antes de internarnos en Camboya. Durante estos últimos meses nuestra visita a los países viene definida por el tiempo de visado que tenemos en cada uno de ellos, en el caso de Laos 3o días. Esto quiere decir (¡atención: obviedades!) que si te alargas mucho al principio te quedará menos tiempo para el final, así que para el sur de Laos, tras terminar la ruta en moto por el Thakhek Loop, disponemos de una maravillosa y suculenta semana. La primera parada en este recorrido por el sur de Laos fue Pakse, ciudad a la que llegamos directamente desde Thakhek en un bus a reventar de banquetas de plástico con muchos laosianos por todas partes. Pakse, a orillas del Mekong, es una ciudad bastante fea, no os voy a mentir. Otrora la capital del pequeño reino de Champasak, hoy en día es una aglomeración de calles delimitada por dos ríos (sí, hay más vida después del Mekong) con poco o nulo interés turístico. Lo mejor que se puede hacer aquí es alquilar una moto e irse a recorrer la Bolaven Plateau, una muy buena ruta repleta de cascadas, según dicen. Pero nosotros ya hemos cubierto nuestro cupo de moto con el Thakhek Loop, así que nos lo tendremos que saltar por esta vez. Después de la parada y fonda en Pakse para hacer una noche, lavar la ropa y demás menesteres, fuimos a Champasak, un pequeño pueblito a las orillas de… ¡un minipunto para quién lo adivine! ¡¡El Mekong!! ¡No os lo esperabais, eh! Pueblo tranquilo, de ritmo muy relajado, con 4 o 5 sitios para turistas, Champasak ofrece paz y calma al que lo busque. Y al que no también, porque poco hay para hacer aquí aparte de sentarte y observar el Mekong fluir y a los pescadores navegarlo. Sin embargo, la gente viene a Champasak por otro motivo. A unos 10 kilómetros de distancia se encuentra Vat Phou, un complejo de ruinas del imperio Jemer que data del siglo V (aunque no quede nada en pie de esa época). Lo recorrimos bajo un sol de justicia, la amenaza de convertirnos en charco era muy real, pero finalmente sobrevivimos a la visita. Y es que desde que llegamos a la zona sur de Laos el calor ha venido para quedarse, ni rastro del calor moderado de la zona del norte. El complejo de Vat Phou nos gustó más de lo esperado. Aparte de diferentes templos en reconstrucción y restauración hay varios paseos empedrados, cuyos adoquines hoy en día están colocados como si los hubieran tirado desde arriba con un saco, y una continua ascensión de escaleras igual de irregulares que te va llevando a diversos niveles del complejo hasta acabar en un pequeño templo en la parte superior, desde donde hay buenas vistas de todo el recinto y el lago de la entrada. Todo ello edulcorado con un gran grupo de monjes budistas de visita que impregnaron las fotos con un colorido naranja de lo más vistoso, quedaba a tono con el lugar.         La última parada en el sur de Laos, y por tanto en el país, fue en las famosas 4000 islas....

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