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El Palacio de Potala

El Palacio de Potala

on 17/08/2007

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Dia 21 (Calero)

El mítico Potala nos esperaba. Hoy era un día importante, visitábamos una de las joyas del viaje, visto tantas veces en fotos y esta vez lo teníamos ahí al lado… tan cercano… pese a ello nos teníamos que recordar que en realidad estábamos a miles de kilómetros de nuestra cultura, en una de esas ciudades míticas del planeta, no era una excursión que pudiéramos hacer cualquier fin de semana.
Obviamos el desayuno voluntariamente, sin duda era el peor desayuno que habíamos hecho en todo el viaje.

Admirar el Potala desde fuera es impresionante, es una de esas construcciones que te hacen desconectar del resto de mundo que te rodea y contemplar embobado la imponente mole con ese paisaje de fondo tan espectacular como son los Himalaya. Extrañamente yo siempre había pensado que se encontraba en la afueras, solitario en mitad del campo, pero no, realmente el palacio preside Lhasa, está cerca del centro de la ciudad y desde lo alto se puede apreciar ésta en su totalidad..

Al llegar tuvimos que esperar fuera un buen rato a que los oficiales de turno de la puerta organizaran la situación y fueran dejando entrar a los diferentes grupos. Por lo que nos contaron, se necesita pedir hora para entrar al Potala, como si fueras al medico de cabecera, y tenía un número máximo de visitantes diarios, con lo que conviene “pedir cita” con antelación para no encontrarte con la desagradable sorpresa de no poder entrar. Aparte, las visitas guiadas tenían un máximo de tiempo dentro: una hora. Mientras que si ibas sin guía podías estar todo el tiempo que quisieras, con lo cual nuestro guía nos dijo que nos dejaba volar libres y que nos esperaba en la salida.
Realmente yo creo que le venía de perlas, porque nuestro guía era muy majo y agradable pero de guía ejercía poco, la verdad.

Mítico Potala!

Entrando al Potala

Mi hermano y yo en Lhasa

Se dice del Potala que es el edificio más grande del mundo, cosa que por supuesto veo como una exageración, pero si es cierto que posee mas de 1000 estancias entre todo el complejo. La parte visitable por los turistas, sin embargo, se limitaba a una pequeña porción del total.
Nos recorrimos todo el interior “permitido” del Potala, y para muchos de nosotros tuvo más de decepción que de impresión.
Estuvimos en la sala en la que estudiaba el Dalai-Lama, también junto a su dormitorio, viendo todas las estancias interiores importantes y luego fuimos pasando por todas las tumbas en las que estaban los anteriores Dalai-Lama a través de un recorrido bien marcado con flechas, para no salirte de la ruta establecida.
Ahí fue cuando muchos de nosotros nos sentimos algo decepcionados, y es que hartos de criticar la opulencia de la Religión Cristiana, encontramos que un lugar como la residencia de los Dalai-Lama no estaba ni mucho menos exento de ella. En todas las sepulturas de los anteriores Dalai-Lama había mas oro del que ninguno de nosotros había visto en su vida, para más datos dentro estaban enterrados del quinto Dalai-Lama en adelante (si no recuerdo mal), siendo la tumba más grande e imponente la del V Dalai Lama con una altura de 15 metros, construida con 3721 kilos de oro y cerca de 15000 piedras preciosas… eso lo dice todo. Y el resto de tumbas no tenían mucho que envidiar, la verdad.

Aparte de esto, el Potala por dentro era bonito, atípico para ser un palacio. Máximo exponente de la arquitectura tibetana, tenía corredores oscuros, mucha madera en su interior y una serie de características que cumplían con lo que habíamos visto hasta ahora en el Tibet y lo que aún nos quedaba por ver.

Fachada del Potala

Tras el Potala fuimos a comer en uno de los numerosos restaurantes de Lhasa (la media de dinero gastado en comida eran unos 3 euros) y después nos llevaron al monasterio de Drepung, enclavado en las laderas de una colina a las afueras de la ciudad. Es una mini-ciudad monástica en todo su conjunto y, fundado en el siglo XV, aún conserva cerca de 400 monjes. Quizás parezca mucho, pero es insignificante si se compara con los cerca de 15000 estudiantes que había en él antes de la invasión China… pese a ello sigue siendo el monasterio más grande del Tibet. En su patio pudimos ver como los monjes debatían (con ese sonido tan característico de sus manos entrechocando) de materias como metafísica, filosofía, religión… en palabras de nuestro guía.

En el interior del templo, sabiduría

Aprendiendo

Se respiraba paz

Después de esto, ya por la tarde, teníamos que ir a hablar con los de la agencia y habíamos planeado para la noche ir a un espectáculo tibetano que nos había propuesto nuestro guía. Sin embargo, hubo un gran caos organizativo cuando los ricksaws en los que ibamos acabaron cada uno en una punta de la ciudad y estuvimos perdidos más de una hora, españoles desperdigados por Lhasa sin saber dónde teníamos que ir… finalmente todo se arregló y conseguimos llegar todos a la agencia, donde tuvimos nuestros más y nuestros menos con el “jefe” y entre nosotros, fue de los pocos momentos de mal rollo del viaje. Todo se debía al “robo” que nos habían hecho por el tren Pekín – Lhasa y la compensación que merecíamos por ello. Finalmente la cosa acabó en que nos devolvían a cada uno los 93 euros que habíamos pagado de más por el avión + 90 euros en compensación por las molestias y las 2 noches de más que estuvimos en Pekín.

Aclarado el asunto, pero sin darnos tiempo ya a llegar al espectáculo al que nos iba a llevar nuestro guía, nos separamos. Unos fueron a ver el río mientras otros fueron de compras y a cenar. Ambos grupos sin excepción nos empapamos por un diluvio monumental que cayó esa noche que provocó que zonas del centro de la ciudad se quedarán inundadas con varios palmos de agua, todo un espectáculo atravesar la ciudad en esas condiciones…

Mañana más!

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