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Atravesando la selva en barco

Posted by on 24/03/2009 in América, Diarios de viaje, Perú, Recorriendo Latinoamérica | 0 comments

Atravesando la selva en barco

Share This: Bueno, para este capítulo voy a cambiar el estilo, os voy a dejar un extracto de lo que escribí en los 7 días que estuve en barco por río para llegar hasta Ecuador. Quizás sea más largo, pero la experiencia fue única, ahí va: “8 días es lo que se tarda en cubrir los 900 km que separan Iquitos (Perú) de Coca (Ecuador) por barco a través de los ríos Amazonas y Napo, dos extremos entre los que no existen las carreteras. Este trayecto lo tenemos que hacer en 3 partes: primero 7 días en un barco desde Iquitos hasta Pantoja, último pueblo Peruano. Luego en una canoa con un pequeño motor cruzaremos desde Pantoja durante 2 horas a Nuevo Rocafuerte, primer pueblo ecuatoriano. Y finalmente otra canoa más grande nos llevará en 15 horas de viaje hasta Coca, donde de nuevo comienzan las carreteras y la civilización. La primera parte de la ruta, la de los 7 días, sólamente la hacen 3 barcos y, con un margen de frecuencia de unos 10 días en los que sale cada uno de ellos, es la ruta menos transitada de todas cuantas salen de Iquitos (hacia Brasil, Colombia u otros destinos de Perú hay salidas diarias) y es también a su vez la ruta más larga. A los dos días de mi llegada a Iquitos zarpamos en el “Cabo Pantoja”, costaba 22 euros por los 7 días de viaje, y por este precio puedes colgar tu hamaca junto con todos los demás al fresco; además te proporcionan desayuno, comida y cena (has de llevar tu propio plato, eso sí), que podréis imaginar cómo son… El desayuno y la cena suelen ser idénticos, y es “cuaque” (avena molida, agua y leche) con 3 trozos de pan duro. La comida suele ser un montón de arroz blanco adornado con un minúsculo trozo de algo cambiante: pollo, res, chancho (cerdo) e incluso un día hemos tenido atún. Al menos los pollos son frescos, porque los llevamos vivos en el barco, y cada día hay 2 menos… Llevamos bastante carga y pasajeros, calculo que unos 50, todos peruanos menos Sven (alemán), Josh, Laura (canadienses) y yo. Por suerte este barco, a diferencia de los otros 2, no lleva demasiados animales y también parece ser el mejor. Hay 2 niveles y una bodega por debajo, totalmente llena. La planta intermedia es cerrada salvo por las ventanas y a mí me resulta abarrotada de gente, claustrofóbica y con un fuerte olor de las cocinas, baños y humano. La de arriba es abierta y además tiene como unos 10 camarotes, que cuando yo llegué al barco estaban ya todos ocupados así que no me tuve que plantear nada, tan solo comprar una hamaca en el puerto por 3 euros y colgarla junto al resto de peruanos. Mi hamaca, ni que decir tiene, es la peor del barco, es de rejillas y me siento como un balón de futbol dentro, pero la verdad es que pensé que sería más incomoda, no me cuesta dormir en ella cada día (y por 3 euros qué podía esperar!). Y los días pasan y la civilización se acaba, sólo encontramos esporádicos grupos de casas y pequeñas comunidades a orillas del río, a lo largo del cual viven 4 etnias diferentes: Quichua (no Quechua),...

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La joya Inca

Posted by on 09/03/2009 in América, Diarios de viaje, Perú, Recorriendo Latinoamérica | 0 comments

La joya Inca

Share This: Es uno de esos sitios mágicos del planeta, Machu Pichu, una de las 7 nuevas Maravillas del Mundo, y se merecía un capítulo aparte junto con Cuzco, por supuesto, que es para mí una de las mejores ciudades de todo el continente. La ciudad posee títulos como el de “Capital histórica de Latinoámerica” o “Capital arqueológica de Ámerica”, y tiene sencillamente un magnetismo especial, a pesar de la inmensa marea de turistas y vendedores que la inundan, o quizás gracias a ella… Sus calles, su plaza de Armas, el escalonado barrio de San Blas (donde me he alojado durante 1 semana), sus innumerables bares con músicos que amenizan cada noche de la semana, su espíritu bohemio… Cuzco me encanta, me quedaría en ella más tiempo pero esto es así, hay que seguir. Vine con mi hermano y Elena, también con el grupo de catalanes que conocí en mi etapa final boliviana, complicado separarnos, me encontraba demasiado cómodo con ellos. Desde Cuzco fuimos al valle Sagrado, para ver la herencia Inca, y después por supuesto a Machu Pichu, la joya del imperio. El único medio “mecanizado” de llegar hasta Aguas Calientes -el pueblo a los pies de Machu Pichu- es el tren, no hay carreteras. Por supuesto esto genera un monopolio que difícilmente justifica el desorbitado precio por llegar directamente desde Cuzco, es prohibitivo. Así que buscamos una opción económica: alquilamos una furgoneta entre los 9 e hicimos las 7 horas de ruta alternativa para llegar hasta una pequeña presa hidroeléctrica, último punto accesible por carretera. Desde allí hay que caminar por las vías del tren las 2 horas que separan dicha hidroeléctrica del pueblo de Aguas Calientes, con unas vistas del todo espectaculares en todo el recorrido; pocos paisajes me pueden llamar tanto la atención como éste, pese a que la lluvia nos acompañó durante todo el trayecto.La fuerza con la que bajaba el río era brutal. Y Machu Pichu. Quién no quiere conocer Machu Pichu? Ya lo había visitado hacía dos años con mi hermano pero a ninguno de los dos nos importaba repetir, más bien al contrario, cuando empecé este viaje sabía que iba a volver. Lo que es la ciudad secreta de los Incas se puede averiguar en internet, no lo voy a explicar. Ver cómo es se puede ver en las muchas fotos que he colgado. Pero para sentirla y disfrutarla, como tantos y tantos sitios, para empaparse de lo que es, hay que venir a visitarla, hay que venir y verla con tus propios ojos. No son sólo las ruinas: es la historia, el misterio que la envuelve, todo ese espectacular paisaje que la rodea… Es un sitio al que hay que venir, simplemente. Y ya acabé mis días en Cuzco, desgraciadamente ya se marcharon mi hermano y Elena y yo me he quedado en total una semana en la ciudad, disfrutándola, feliz. Poco a poco el grupo de catalanes con el que estaba se ha ido disgregando también: Marc tuvo que regresar a España (acabó su viaje) y Oscar y Ana continuaron hacia adelante. Yo quería ir directamente a Lima (para hacer transbordo, desde luego no pretendo quedarme mucho) y la única opción decente sin morir en el intento ni pagar un dineral en avión era venir vía Nazca e Ica. Así que ahora estamos...

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Regresando a Perú

Posted by on 04/03/2009 in América, Diarios de viaje, Perú, Recorriendo Latinoamérica | 0 comments

Regresando a Perú

Share This: Se acabó Bolivia, llegué a Perú. Son países en muchos aspectos similares pero a su vez diferentes. Se nota en la gente, más abierta, se nota en la altura -Bolivia es más homogéneo, más altiplánico-, se nota en los precios… Llevo tiempo sin actualizar y es porque durante alrededor de una semana han venido a Perú mi hermano y Elena y hemos llevado un ritmo bastante frenético, así que ahora toca recuperar el trabajo atrasado. También he estado viajando desde que estuve en la isla del Sol, en mayor o menor medida, con un grupo muy majo de (sobre todo) catalanes, aún estoy con ellos hoy por hoy, mientras que mi hermano y Elena ya se fueron. Han pasado dos años desde que viniéramos los hermanos por primera vez a Perú, esta vez he entrado al país por Puno desde Copacabana, en Bolivia, y desde ahí fuí hasta Arequipa, ciudad que no conocimos hace dos años y donde debía reunirme con ellos dos. Por motivos climatológicos llegaron un día más tarde desde Lima, había tal niebla que su avión no pudo aterrizar y tuvieron que regresar a la capital peruana. La verdad es que el clima no acompaña mucho, estamos en estación lluviosa y se nota; de hecho todo el color negruzco que me dio Brasil ha sido totalmente pulverizado este último mes viajando por Bolivia y Perú: hace fresco, llueve y no se ve el sol demasiado. En Arequipa nos reunimos todos, agradecí por fin el bajar del umbral de los 4000 metros; la verdad es que la Ciudad Blanca, como es llamada por sus innumerables construcciones en “sillar”, es bastante bonita y tranquila, sobre todo teniendo en cuenta que es la segunda ciudad de Perú y más aún comparándola con Lima, que es un desastre… Aprovechamos unos días para verla y luego hicimos un tour de un par de días por el cañón del Colca, el segundo cañón más profundo del mundo con 3250 metros de profundidad; para llegar aquí hay que pasar un puerto a 4900 metros de altura. Queríamos ver condores pero no fue posible, una vez más el clima no acompañó. Y bueno, he dejado de perder tantas cosas y pasar tantas calamidades, al menos por ahora (estas cosas es mejor ni decirlas). Aunque aún ayer volví a olvidar otra toalla más, llevo perdidas ya cinco desde que empecé en Noviembre. Y esto que no lo lea mi madre (tápate los ojos) pero el otro día me pesé y peso 7 kilos menos que cuando salí de Madrid, de 82 a 75. El ritmo no perdona! En unos días escribiré otro capítulo, acerca de Machu Pichu y Cuzco, donde estoy ahora con los catalanes y desde donde todavía no se cuando me iré, esta ciudad engancha. Pero vayamos poco a poco y sin estrés, si me sobra algo es tiempo y Machu Pichu se merece un capítulo único. Ver todas las fotos de...

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