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Mongolia, un mar verde con colinas

Posted by on 07/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Mongolia, Transiberiano | 0 comments

Mongolia, un mar verde con colinas

Día 11 (Calero) Nos levantamos todos prontito en el ger. Algunos afortunados se ducharon por la mañana con agua calentita y no con el agua sacada de cubitera de la noche anterior (diga lo que diga Illenca, el agua estaba FRIA), que para lo único que venía bien era para no relajarse mucho en la ducha y estar atento a los arañuscos que había dentro. Fuimos al ger-restaurante y nos metimos entre pecho y espalda el mejor desayuno hasta la fecha: huevos revueltos, salchichas, mermeladeos, el sempiterno té… Después de eso nos volvimos a incrustar en nuestras furgonetas, deseando fervientemente escuchar el Moscow Moscow de nuevo después de 6 horas seguidas escuchándolo el día anterior… Llegó el turno de ir a Karakorum, la antigua capital del imperio Mongol. Pero antes paramos en un campamento ger donde nos dan una ridícula vuelta en camello y caballo por 4 perras, y posteriormente nos llevan a una zona de dunas de arena, donde paseamos durante un rato y nos da tiempo a hacer el imbécil bien, que es lo nuestro y lo que mejor se nos da, sobre todo mi hermano y yo que acabamos tirándonos desde lo alto de una duna rodando por la arena hasta abajo. Está grabado en video pero por fortuna (sobre todo para mi) los videos del Lyon ocupan demasiado para colgarlos en youtube. Después de esto ya si que nos encaminaríamos hacia Karakorum. Como los días en Mongolia no tienen mucho que contar ya que pasábamos el día en las furgonetas mirando por la ventana, y para sentir esas tierras y esos paisajes hay que vivirlo, pues os someteré a un pequeño discurso plomizo acerca de Mongolia, por cultura general: «País de mayoría Budista, en Mongolia se conformó allá por el siglo XIII y a manos de Genghis Khan uno de los mayores imperios de la historia de la humanidad (36 millones de kilómetros cuadrados). Se calcula que comprendía un tercio de la población mundial de la época en su momento de mayor esplendor, y abarcaba desde China y sureste Asiático hasta Europa (llegaron a conquistar incluso Budapest. Bueno, realmente solo Pest) Por supuesto, todo imperio tiene su decadencia y el Mongol no sería menos. Pasaron a formar parte de China como provincia durante siglos hasta que se independizaron de ellos en los años 20 con la ayuda de Rusia. Pese a ello tuvieron sus menos y sus más con los Chinos al respecto de su independencia hasta 1958, fecha de ruptura de relaciones entre Rusos y Chinos. Fue un estado comunista hasta 1990, y en 1992 se conformó una constitución, siendo hoy en día una República. El decimonoveno país del mundo por extensión cuenta con una población de 2 millones y medio de habitantes, un tercio de los cuales se encuentra en su capital, Ulan Bator. Además, un 30% de la población es nómada, disponiendo normalmente entre 2 y 3 viviendas (todas ellas gers) en ubicaciones distintas: para invierno, verano y primavera, ya que las temperaturas oscilan de manera brutal entre verano e invierno, llegando en éste hasta los 30 grados bajo cero.» Bueno, después del tostón, continúo. Nos metimos en las furgonetas y recorrimos los escasos 150 km que nos separaban de Karakorum. Pero ello nos llevo cerca de 4 horas, y eso que...

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Tomando contacto con Mongolia

Posted by on 06/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Mongolia, Transiberiano | 0 comments

Tomando contacto con Mongolia

Domingo, 5 de agosto – día 9 (Cris) Tenemos todo el día de tren por delante y nos levantamos con un poco de mal rollo por lo que ha pasado hace unas horas con la okupación de nuestros compartimentos y la actitud de los mongoles, pero, a lo largo del día, nuestra opinión sobre ellos va cambiando algo cuando conocemos a algunos. El trayecto Irkutsk–Ulan Bator no es excesivamente largo pero sí muy lento a causa de los trámites de fronteras. Pasamos más de tres horas parados en el último pueblo ruso y después paramos de nuevo en el primer pueblo mongol. Llegamos a perder la cuenta de la cantidad de papeles que tenemos que rellenar y que nos van repartiendo y recogiendo sin parar: fichas de salida/entrada, declaraciones de aduana, declaraciones sanitarias y formularios varios que no sabemos ni para que sirven. Además nos piden también el pasaporte y los visados: una persona lo pide, después otra lo sella… ¡una historia! La revisión del tren es de película. Cuando echamos a la familia mongola del compartimento, yo lo revisé para que no se hubieran dejado algo que “nos pudiera perjudicar” si nos lo adjudicaban como nuestro, que éramos los ocupantes del compartimento: revisé debajo de los asientos y el compartimento de arriba y nada, vacío. Cuando subió la policía nos hizo salir del compartimento para revisarlo; a mi me preocupaba que nos deshicieran las mochilas porque ya sabemos los modales de la policía de fronteras, pero no, no era ese tipo de registro: la mirada a las mochilas fue superficial (ni las abrieron); sacaron herramientas y se pusieron a desatornillar una placa del techo y abrieron también el suelo; ¡estábamos flipando! ¡Si llega a haber algo ahí a ver como salimos de esa! Pero nada, sin problemas. Pudimos continuar nuestro trayecto hasta… Lunes, 6 de agosto – día 10 … que llegamos a Ulan Bator supuestamente a las 7.30 hora local. Llegamos con retraso, por supuesto, debido a los trámites en las fronteras. Al bajar allí nos está esperando Meende, nuestra guía de Selena Travel, con los que hemos contratado un tour por Internet. Nos lleva al aparcamiento de la estación donde nos están esperando dos furgonetas. Para empezar nos llevan a una colina con vistas a Ulan Bator. Es la típica ciudad caótica e industrial, con un tráfico infernal, donde se concentra la mitad de la población del estado. Supuestamente es la ciudad de las oportunidades tanto en el mundo académico como en el laboral y eso hace que reciba mucha inmigración procedente de la Mongolia profunda y tradicional. En esta colina hay un monumento creado durante los años de influencia soviética, años en los que los mongoles tuvieron que cambiar su alfabeto por el cirílico, se destruyeron gran cantidad de templos y se contruyeron bloques que clara inspiración comunista. Pero también en esta colina entramos en contacto con la realidad religiosa mongola, donde conviven budismo y chamanismo. Vemos la primera “owa”, un montón de piedras de carácter sagrado donde la gente ata bufandas de seda a modo de ofrendas y a la cual hay que dar tres vueltas, siempre en el sentido de las agujas del reloj, cogiendo piedrecitas de abajo y tirándolas a la parte alta del montón, algo que repetiremos hasta la saciedad a...

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Más del Baikal, antes de seguir la ruta

Posted by on 04/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Rusia, Transiberiano | 0 comments

Más del Baikal, antes de seguir la ruta

Día 8 (Javi) La noche antes habíamos sorteado con cartas el turno de ducharnos, puesto que a las 8.30 teníamos que estar fuera. Yo saqué un as y me tocó pringar el primero, a las 7. Conforme íbamos acabando, llamábamos al siguiente y así sucesivamente. Menuda sincronización… Está claro que a las 8.30 no estábamos listos ni de coña. Mientras, la mujer rusa, Galina, empezó a prepararnos el desayuno, a base de montañas y montañas de crepes. Esta mujer era una maniática del orden, y ponía las cosas en la mesa de manera precisa y metódica, sin que nada pudiese alterar su sitio. A Illenca la mandó moverse y tuvo que desayunar a medio metro de la mesa. Pero bueno, aparte de esto, era buena mujer y una máquina de hacer crepes, que luego untábamos con mermelada, una especie de crema lechosa muy dulce y una especie de membrillo. Después de ducharnos, desayunar y acabar de hacer los macutos nos despedimos de Galina y nos vamos a dejar las cosas al albergue, para irnos a coger el ferry, destino Bolshie Koty. El viaje, bastante aburrido; parecemos sardinas enlatadas y sin poder mirar por la ventana, así que aprovechamos para sobar. En el embarcadero de Litsvyanka suben Diego, Esther y Martín, y hacemos el resto del trayecto juntos. Bolshie Koty es un pequeño pueblo situado en el litoral oeste del lago Baikal, al que solo se accede a pie o en barco (no hay carretera). Es un lugar hermoso y tranquilo, ideal para hacer excursiones por el lago y los bosques que lo rodean. Nos vamos por un caminito haciendo un pequeño trek hasta llegar a un alto donde se ve una fantástica playa, entonces nos separamos de esta gente puesto que nuestro ferry de vuelta salía antes. Vemos el pueblo o las 4 casitas de madera que hay y nos adentramos por un caminito hacia el interior de un bosque. La verdad es que este sitio es encantador, no me extraña que los rusos vengan aquí a veranear, buscando paz y tranquilidad. Ya en el ferry de vuelta aprovechamos para sacar embutido, pan y tomate y hacernos unos buenos bocatas. Nos sorprende que los rusos hagan lo mismo, y es que estaba el barco lleno de domingueros. En Irkutsk, cogemos un taxi que nos deja en la estación de tren y preguntamos en las consignas qué cuesta dejar allí las cosas. Conclusión: pasando del tema, que con lo que cuesta nos da para una botella de vodka lo menos… Como todavía quedan 10 horas para coger el tren, aprovechamos para volver andando y dar un paseo por la iglesia, donde no paran de tocar las campanas, y estamos un rato sentados a la orilla del río. Ya en el albergue, revisamos el correo, hacemos alguna llamada y nos vamos a cenar a un garito que está enfrente y donde nos damos el último atracón de comida rusa. De camino a la estación cogemos un tranvía y una vez allí, nos apalancamos en un rincón. Sólo quedan 6 horas para que salga el tren, y qué mejor forma de matar el tiempo que comprando cerveza y beber como cosacos. La noche es joven. Cuando ésta se acaba nos vamos a comprar vodka que nos venden en una tienda donde están...

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Un vistazo al Baikal

Posted by on 03/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Rusia, Transiberiano | 0 comments

Un vistazo al Baikal

Día 7 (Calero) Llegó el viernes y nos levantamos relativamente pronto ya que la noche anterior no habiamos hecho gran cosa; los de la casa de «Ricitos de Oro» tenían hora de regreso (que fuerte me parece) y la verdad, tampoco vimos gran cosa para hacer en Irkustk. Nuestra intención era ir a Bolshie Koty ese día, un pintoresco pueblecito a orillas del lago Baikal. Sin embargo cuando llegamos a la «Raqueta» (el muelle desde donde salían las barcazas y ferrys hacia el Baikal) tuvimos que comprar los billetes para el día siguiente ya que para ese día no había billetes en horarios compatibles. Decidimos pues ir a la estación de buses y probar con otro pueblecito del Baikal (de cuyo nombre no me acuerdo) que nos habían recomendado antes que Litsvyanka. Pero nos llevamos otra patada en los morros porque también nos resultaba imposible ir a dicho pueblecito, así que al final pillamos billetes para Litsvyanka para las 14:30 ya que antes teníamos que solucionar unos asuntillos a través de internet referentes a nuestro tour de Mongolia… Solucionamos nuestros «pequeños problemas» y fuimos a comer a una hamburguesería rollo MacDonalds pero a lo ruso que estaba al lado de la estación. Eso sí, los malditos rusos tienen la feísima costumbre de ponerte la comida en platitos de aceitunas, se conoce que no tienen platos más grandes y ya entendemos como se conservan tan bien las rusas (que lo hacen) viendo las cantidades de comida que te ponen. Total, que yo me tuve que zampar 3 hamburguesas para quedar medianamente satisfecho. Ya en el bus, creo que nos quedamos todos sobaos(maldita señora gorda del mal que nos tocó al lado al Regue y a mi!) y cuando llegamos a Litsvyanka comprendimos de lleno por qué lo queríamos evitar… eran 4 casas y un trocito de playa de piedras y autobuses y coches de turistas haciéndose un hueco en esta ridícula playa. Eso sumado a 20 puestos de artesanía y demás hippieces le daba al pueblo un aspecto turístico-decadente que lo convierte en el típico pueblo que nadie sabe por qué visita, pero acaba visitando. Bueno, al menos la decepción no fue muy grande ya que nadie esperaba gran cosa. A cambio se bañaron casi todos en el Baikal, yo me contenté con meter una mano y un pie (+6 años de vida). De vuelta a Irkustk otra vez en el bus mi hermano tuvo un pequeño incidente cuando el autobus pegó un frenazo mientras dormía y su asiento (con él encima) salió disparado hacia delante para aterrizar de un culazo en el pasillo. Nos reímos todos bien a gusto, no hay mal que por bien no venga. Ya a la vuelta decidimos cenar en el bar de al lado de la pizzas del día anterior, y la verdad es que fue un acierto porque estaba todo riquísimo y el precio era asequible. Ahí fue cuando conocimos a Daikos, Lualua (ambos foreros) y Martín, otra expedición Transiberiana y China con los que coincidiríamos los días siguientes en el viaje. Después de cenar decidimos intentar quemar Irkustk con ningún éxito, había un ambiente bastante pobre y no nos convencía nada, así que nos volvimos a la casita de madera a pasar nuestra última noche en Irkuskt. Demasiados días en Irkustk para...

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Toma de contacto con Irkutsk

Posted by on 02/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Rusia, Transiberiano | 0 comments

Toma de contacto con Irkutsk

Día 6 (Cris) Después de 88 horas transiberiando llegamos a Irkutsk. Tras la foto de despedida con Valentina, la prioridad es conseguir billetes para el siguiente trayecto: Irkutsk–Ulan Bator. No lo conseguimos exactamente para el día que teníamos previsto pero tampoco nos trastoca los planes en exceso. Una vez resuelto esto nos encaminamos hacia el centro. En el albergue de Moscú pillamos una tarjeta de un albergue de Irkutsk, el “Irkutsk Downtown Hostel”, con un plano esquemático para llegar a él y eso es lo que hacemos o lo que intentamos. El camino real es más largo de lo que imaginábamos (percepción de distancias alterada por el efecto mochila a la espalda). Cuando intuimos que ya estamos cerca decidimos quedarnos un grupo con las mochilas y el resto localizarlo y averiguar si hay sitio. Tenemos buenas ideas, pero ya comenté que la organización no era uno de nuestro puntos fuertes: un grupo nos quedamos esperando, sí, pero el grupo que va en busca del albergue, todavía no entiendo porqué, se va con las mochilas. Resultado obtenido por la expedición ‘búsqueda de albergue con mochilas’: no hay sitio en el albergue Pero no está todo perdido: hay una casa reservada por unos coreanos donde caben 8 personas (quien dice 8 dice 9, ¿no?) pero si a una hora concreta los coreanos no han dado señales de vida, entonces nos la podemos quedar. En caso contrario, desde el propio albergue nos ofrecen un apartamento para cuatro (¿cinco?), dos más recolocados en otro lado y dos en el albergue, o algo así. Organizamos una nueva expedición para ir a hablar con la mujer de la casa reservada por los coreanos: resulta que de 8 (9) nada, que ya tiene la casa medio ocupada (y eso sin contar a los coreanos) y que para hoy, 4 o 5 y que para la noche siguiente sí que entramos todos con la condición de que nos marchemos a las 8.30 porque le entra gente nueva y tiene que limpiar. Mientras esperamos a que sea la hora de que nos confirmen si tenemos la casa o no, establecemos campamento base en la puerta de un banco –campamento que será desalojado a la fuerza- y un grupo pateamos algo de Irkutsk en busca de otras alternativas. El resto del grupo está encargado de interceptar a los coreanos en caso necesario Al final conseguimos la casa y cinco de nosotros nos instalamos en ella (la compartimos con unos franceses que se piden exclusividad en el baño mañana por la mañana; como hemos llegado los últimos, a tragar) y los otros cuatro se van al apartamento. A mi personalmente la casa me encanta: es la típica casa rusa de madera hecha polvo pero por dentro está cuidada. La dueña, Galina, está medio loca, pero a su manera es maja. Caravan, Lyon y yo nos instalamos en la habitación de los niños. Tenemos de todo: cunita, peluches matainsectos (¿verdad, Caravan?) y cuentos con bonitos caracteres cirílicos, para leer antes de dormir. El albergue vale 500 rublos por noche (15 euros), creo que con desayuno (eso pone en la tarjeta). En la casa pagamos 600 (18 euros), con desayuno a cargo de Galina, que resultará ser una máquina de hacer blinis. Como estos alojamientos alternativos los conseguimos a través del albergue,...

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La vida en el Transiberiano

Posted by on 01/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Rusia, Transiberiano | 0 comments

La vida en el Transiberiano

Días 2, 3, 4 y 5 (Javi) Un poco de historia El día 21 de julio de 1904 tras un proyecto faraónico que duró 13 años, numerosos esfuerzos y centenares de vidas perdidas, se puso en marcha la vía de 8000 kilómetros del transiberiano. Se inauguraba el tren más largo del mundo, que une Moscú con Vladivostok, en la costa del Pacífico. Actualmente, el transiberiano en sus diferentes rutas es utilizada por rusos, mongoles y chinos para sus desplazamientos internos y fronterizos. Tren mítico donde los haya, atraviesa 7 husos horarios siendo aún un recorrido de dimensiones épicas, una conexión entre el este y el oeste y un símbolo permanente de lo que fue la unidad rusa en un mundo revolucionario. Por sus ventanillas desfilan imágenes de grandeza y de fracaso. Y en sus pasillos se escuchan las voces cansadas de gente confundida. La travesía de Asia en tren entre Moscú y Pekín, es de 7621 kms, realizando el recorrido del mítico transiberiano en su variante transmongoliana. Nuestra historia El sueño de subir al transiberiano se cumple. Son las 13.20 de un domingo 29 de julio. Ya sólo falta comenzar a rodar. Nuestra provonidka, Valentina, es un cielo, muy simpática y atenta con nosotros. Esto empieza a moverse. Poco a poco, nos vamos alejando de Moscú, sin prisa pero sin pausa. Todavía flipándolo, empezamos a recorrer el tren y a familiarizarnos con nuestro vagón y en especial con nuestro compartimento, en el que pasaremos nada más y nada menos que 88 horas, casi 4 días. Nuestro vagón es el 4º por la cola, justo el último de 2ª clase (kupé) y situado antes de los 3 vagones de cola, que son de 3ª (platskart). La verdad es que estos últimos no están nada mal, mucho mejor de lo que había leído, lo único que allí la intimidad no existe y se comparte todo con la gente que te rodea. Mientras, en nuestros compartimentos, que están seguidos, hacemos como lugar de reunión el compartimento de enmedio, totalmente ocupado por nosotros. Durante todo este largo tiempo hacemos un poco de todo para ir matando el tiempo: entre charlas, juegos de cartas, libros, música, siestas y sobre todo, observando el paisaje que se extiende desde la ventana, pasamos nuestra “vida” en el tren. Para comer empezamos a sacar latas de unos, latas de otros y nos lo montamos bastante bien. Salvo a Illenca que casi no le gusta nada, los demás nos ponemos las botas con jamón, atún, paté y especialmente con los mejillones. Benditos sean xDD. Para complementar aprovechamos las paradas para comprar comida que nos venden las “abuelas”, las típicas amas de casa rusas que cocinan y luego van a vender su comida a los pasajeros del transiberiano. La verdad es que venden casi de todo: hamburguesas, pepinillos gigantes, patatas, verdura, pescado (esto mejor no probarlo ya que nos dijeron que contenía muchas toxinas), cerveza (caliente, semifría, fría y congelada xD) y hasta peluches, ramos de flores, etc. Sobre el paisaje, qué decir, en conjunto todo muy verde, con cientos de casitas de madera a lo largo del camino. Al principio está lleno de extensos bosques y altos árboles, pero poco a poco va habiendo menos y el paisaje se va convirtiendo en extensas llanuras. A veces cuando se podía,...

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Abandonando Moscú

Posted by on 29/07/2007 in Diarios de viaje, Europa, Rusia, Transiberiano | 0 comments

Abandonando Moscú

Día 2 (Cris) Última ducha, dato importante teniendo en cuenta que vamos a pasar 88 horas en un tren. Pero antes tenemos algo de tiempo para despedirmos de Moscú. Después de dos días aquí todavía no hemos sido capaces de ver el Kremlin pese a haber ido tres veces a la Plaza Roja. Esto nos hace darnos cuenta de que andamos algo flojos de organización, algo que creo que iremos mejorando aunque solo sea un poco a lo largo del viaje. La noche anterior, entre chupito y chupito (olé ese vodka frío, a palo seco pero frío, ¡no volvimos a catar tal exquisitez!) debatimos como aprovechar el poco tiempo que nos quedaba en Moscú. El Kremlin estaba pendiente, pero dado el poco tiempo que teníamos, el sentido común nos hizo descartarlo y nos decidimos por el parque Gorki. Pillamos metro y nos encaminamos hacia allí. Vamos bordeándolo hasta que vemos una entrada. Hay un detector de metales para entrar, que los rusos van pasando sin problemas. Cuando nos disponemos a hacer lo mismo, no nos dejan pasar, nos mandan a otra entrada, más adelante. Vamos mirando atentamente a lo largo de toda la verja, no sea que nos pasemos la entrada… Minutos después comprobamos que era imposible saltársela: Allí hay otro detector que la gente pasa también sin problemas, pero enseñando un tique que han comprado previamente: ¡nuestro gozo en un pozo! Yo creo que la primera entrada era la buena, la del parque y que esta segunda es para el parque de atracciones que ocupa una parte del parque. No sé si mandarnos a esta ha sido de buena fe pensando que somos tan suicidas como para montarnos en esos cacharros que llevan sin pasar una ITV desde tiempos de Lenin o a mala leche. Decidimos no entrar porque ya sólo nos quedan 20 minutos de margen para coger metro otra vez e ir al albergue a buscar las mochilas. Una vez recogidas las mochilas vamos hacia la estación. Nos distribuímos las tareas: campamento base para guardar mochilas, averiguaciones ferroviarias, acopio de blinis y aprovisionamiento de bebidas. Ya lo tenemos todo, solo nos falta subir al mítico transiberiano, que será nuestro hogar los próximos cuatro días. Tenemos tres compartimentos seguidos en el vagón 13 (tres personas en un compartimento, cuatro en otro y dos en el último). Uno de estos compartimentos es exclusivamente nuestro y este será el campamento base. Nos servirá de comedor, de sala de estar para tertulias y de casino. El tren merece una inspección, que no se hace esperar: organizamos una expedición para recorrerlo de cabo a rabo. Empezamos desde nuestro vagón hacia atrás, hacia los barracones de campo de concentración… esto… hacia 3ª clase; ¡menudo hacinamiento, qué agobio! Llegamos al final del tren y nos quedamos embobados viendo por la ventanita trasera como vamos dejando atrás kilómetros y kilómetros de vía. Nos tocan ahora los vagones de delante, los de 1ª clase, con su aire acondicionado, no sea que los señores se despeinen abriendo las ventanas; todavía no lo sabemos, pero resulta que en esos vagones ¡incluso pasan el aspirador! Nada que ver con el cubo de líquido negro (no me atrevo a usar la palabra agua) y la escobilla con la que se pasean para llenar el expediente en nuestro vagón (tampoco...

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Reunión del grupo en Moscú

Posted by on 28/07/2007 in Diarios de viaje, Europa, Rusia, Transiberiano | 0 comments

Reunión del grupo en Moscú

Día 1 (Calero) Comenzaré el diario el sábado, segundo día del viaje  para la mayoría del grupo (os vais a hinchar, aun os quedan 29) pero primero para mi hermano y para mí. Y lo comenzaré contándoos un poco la previa que tuvimos mi hermano y yo el viernes: Mientras todos estos cabrones disfrutaban en Moscú el viernes, mi hermano y yo sufríamos en nuestras sillas del curro en silencio las hemorroides. Pero finalmente también llegó nuestro turno, y la espera merecía la pena pues volábamos gratis Madrid – Moscú. El vuelo salía a las 23:00 y llegaba allí el sábado a las 6:00 hora local (4 horas de vuelo + 3 horas de diferencia horaria). Pero al llegar al aeropuerto nos encontramos la desagradable sorpresa que siempre pende sobre nuestra cabeza cual espada de Damocles: el vuelo estaba lleno. Es lo malo de los billetes Free… Tras debatir, esperar, anhelar y agonizar, el majísimo comandante permitió que voláramos en transportín, que para el que no lo sepa son las comodísimas sillas reclinables de la tripulación, en la parte trasera del avión. Total que pasamos el vuelo ambos con la resaca de la noche del jueves (las despedidas siempre acabaron pudiendo más que nosotros), levantándonos y sentándonos cada 10 minutos para que sacaran los cajones de comida, etc… esa fue nuestra noche de sueño, una auténtica basura. Ahora centrémonos. El sábado llegamos a Moscú las 6:00 de la mañana y entre mochilas, documentaciones, encontrar el bus que nos llevaba a una estación de metro de la periferia, coger el metro con los malditos carteles escritos con letras del Tetris, perdernos en el susodicho metro y tardar media hora en encontrar el maldito albergue sin señalización ninguna, nos dieron cerca de las 9:00 hasta que llegamos al Godzilla’s, el albergue en cuestión. Al fin nos reuníamos los nueve, éstos ya estaban despiertos, cálido recibimiento, nos esperaba un viaje de 15000 km juntos. Solo nos faltaba decidir quien era Frodo. Nos informaron del notición: por ahora no teníamos billetes de Transiberiano (salíamos al día siguiente): precios desorbitados y desde el albergue Katia no había conseguido nada aun. Salimos a desayunar con contundencia y hablar de las opciones que teníamos y regresamos al albergue. Finalmente Katia nos consiguió los billetes Moscú – Irkustk por 7900 rublos (225 €) cada uno, impresionante! En taquilla nos pedían 10000 rublos! Nos dedicamos pues a ver la ciudad, fuimos de nuevo a la Plaza Roja, visitamos el interior de San Basilio, que me pareció mucho mas pequeña de lo esperado pero igualmente preciosa. El mausoleo de Lenin y el Kremlin nos lo saltamos por diversidad en las opiniones. Fuimos también a las galerías GUM, echamos una cerveza, y después fuimos caminando pasando por el monumento al soldado desconocido hasta la calle Arbat, donde comimos en un sitio con estética de vacas llamado “Mumu”. Proseguimos el paseo y acabamos haciendo ruta por las estaciones de Metro más destacables, puede que viéramos unas 15, y la verdad es que no he visto metro como el de Moscú, simplemente espectacular. Tras el éxodo por el metro (yo estaba totalmente destruido por el cansancio) regresamos a la Plaza Roja, y disfrutamos del espectáculo de verla de noche. Cenamos algo rápido allí cerca y echamos a andar con la intención de buscar algún...

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