Navigation Menu

A los pies del Everest

Posted by on 21/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Tibet, Transiberiano | 0 comments

A los pies del Everest

Share This: Día 25 (Javi) Después de pasar una mala noche debido a la altitud y el frío, en la que apenas hemos podido pegar ojo, suena el despertador de Elena. Son las 7. Elena se levanta y al volver trae malas noticias: hay mucha niebla, así que me dice que mejor esperemos a las 8. Mierda, parece que el sueño de ver el Everest se esfuma. Sería una pena enorme haber llegado hasta aquí y quedarnos con la miel en los labios. Pero como se suele decir, la esperanza es lo último que se pierde, así que me doy la vuelta e intento conciliar de nuevo el sueño imaginándome lo que sintieron las primeras expediciones británicas, con George Mallory a la cabeza, al llegar aquí. Ya no importaba la noche de desvelo, el destino no estaba en nuestras manos… A las 8 suena mi despertador, toca levantarme, así que me visto y, en mi interior algo me dice que estoy ante algo muy grande, uno de esos momentos que no se te olvida en la vida. Salgo de la tienda y ahí está, delante de mí, el monte Everest. Impasible, grandioso, majestuoso, por fin se había dejado ver. Saboreo esos segundos de descubrimiento, de fascinación, de atracción irresistible… y voy a avisar corriendo a los demás: “Ehhh gente, levantaos, rápido, que está ahí fuera. Está ahí”. Joder, no me salen las lágrimas pero la emoción es infinita. Todos se visten rápidamente y salimos de las tiendas. Nos quedamos asombrados ante semejante espectáculo: amanecer en el campo base del Everest. Joder, la alegría es inmensa, estamos flipando, es un sueño de la infancia hecho realidad. Siempre había soñado con ver algún día con mis propios ojos el techo del mundo, el 3er Polo, la Gran Diosa Madre de la Tierra, aquello por lo que muchos arriesgaron su vida y algunos la perdieron. La mítica cara norte estaba ahí, con el 1er y 2do. espolón, al alcance de nuestra vista, donde 83 años atrás George Mallory y Andrew Irvine desaparecieron dejando tras ellos la mayor incógnita en la historia del alpinismo: ¿la primera ascensión al Everest? Diosss, no sólo estábamos allí, a los pies del Everest, sino que además lo estábamos viendo. Costaba creer, estábamos en una nube, o debería decir que estábamos más cerca de ellas que nunca. Habíamos atravesado más de media Asia en pos de un sueño. Sin duda había merecido la pena. Qué vista más inolvidable! Ese instante permanecerá para siempre. Sin desayunar siquiera, avanzamos camino hacia el gigante, y después de andar un cacho, subimos una pequeña colina donde hay colgadas miles de banderitas de oración. Llegamos asfixiados, pero merece la pena. Se ve una magnífica vista del valle de Rongbuk. Nos hacemos fotos y aprovecho para dejar allí mis banderas de oración firmadas que compré en Lhasa, una con los nombres de los expedicionarios, otra dedicada a la familia, otra a Mallory e Irvine por su inspiración, y otra como no, al foro www.inter-rail.org Regresamos de nuevo al campamento base, siempre volviendo la vista atrás. Por unos momentos la niebla lo tapa, hasta que finalmente ya no se ve nada. Son las 9, justo 1 hora es lo que se ha dejado ver la Gran Diosa madre, justamente lo que predijo el lugareño sordomudo....

read more

Llegando al techo del mundo

Posted by on 20/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Tibet, Transiberiano | 0 comments

Llegando al techo del mundo

Share This: Dia 24 (Calero) Hacia el techo del mundo! Incluso en un viaje ya de por sí especial tiene que haber algún día más especial que el resto. Y si además resulta coincidir con la recta final del viaje, a pocos días de la temida vuelta a casa, éste se convierte en la guinda del pastel. Estar rodeado de montañas que superaban los 5000 metros era en sí mismo impresionante, más por lo que significaba que porque éstas realmente te dejaran boquiabierto, ya que el altiplano himaláyico estaba a sus buenos 3500 o 4000 metros. Pero hoy era el día en que veríamos varias de las montañas más altas del mundo, puede que hasta 4 ochomiles, de los que tan solo se pueden contar 14 iguales a lo largo y ancho del mundo y que por supuesto están todos ellos en los Himalaya y Karakorum. Y entre los que veríamos, por encima del resto, el Qomolangma (madre del Universo) o más conocido por nosotros, monte Everest. Con 8842 metros, la montaña mas alta del planeta, 237 metros más que la segunda, el K2. Pensábamos llegar hasta el campamento base de su cara norte, desde donde allá por Mayo zarpan las expediciones con ánimo de coronarlo. Para ello necesitábamos un permiso especial, aparte de los dos que ya se nos requería para recorrer el Tibet, pero nuestro guía ya se había encargado de ello. Salimos de Lhatse, pueblo feo donde los haya, y tras alguna hora de viaje comenzamos la ascensión de un puerto de montaña; poco a poco la nieve comenzaba a rodearnos, el frío se empezaba a hacer notar, y al fin paramos en el punto más alto. Resultamos estar en Gyatchula, el paso de montaña más elevado de toda la travesía con 5220 metros. Para todos nosotros el sitio mas alto que jamás habíamos visitado. Disfrutamos fuera con la nieve entre las banderolas de plegaria tibetana, nos rebozamos y tiramos bolas como críos, nos hicimos unas fotos (parece ser que finalmente conseguí parecerme al yeti en una de ellas), y después de 20 minutillos continuamos con nuestra ruta, comenzando a descender de nuevo. Era realmente pronto, las 12:30, cuando paramos a comer al llegar a Shegar, otro pequeño pueblo que básicamente eran casas agrupadas a ambos lados de la carretera de la Amistad. Tras comer continuamos camino y llegamos a un desvío por el cual una carretera relativamente nueva y en construcción nos llevaría al Campamento Base. Sin embargo, los militares a la entrada de la carretera nos prohíben el paso. Damos fe que incluso nuestro guía intentó el soborno, pero nada funcionó, por ahí teníamos vedado el paso. La historia que nos contó fue que esa carretera llevaba ya bastante tiempo en construcción, era una carretera financiada con fondos internacionales para facilitar la llegada al Everest, pero debido a la precariedad del estado en el que todavía se encuentran las obras, el gobierno Chino prohíbe la entrada a cualquier extranjero por miedo a que la noticia se filtre. Continuamos pues hacia Tingri y desde allí cogimos una ruta infinitamente más precaria pero a su vez también más genuina. Sin duda es el recorrido más emocionante que yo haya hecho en coche en mi vida, tardamos 4 o 5 horas en recorrer unos 65 km en...

read more

Shigatse y Lhatse

Posted by on 19/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Tibet, Transiberiano | 3 comments

Shigatse y Lhatse

Share This: Dia 23 (Cris) El desayuno de hoy no tiene nada que ver con el de Lhasa: inauguramos los desayunos a base de panecillos de tortilla, que no variarán hasta que abandonemos el Tibet: mmm, ¡eso sí que es un lujazo! Ayer por la tarde empezó a llover, ha estado lloviendo por la noche y no dejará de hacerlo a lo largo del día. Pillamos coches destino Shigatse, la segunda ciudad del Tibet por detrás de Lhasa. El objetivo es el monasterio de Thashilunpo, fundado en 1447 por el primer Dalai Lama y hasta la ocupación china, sede de los Panshen Lama. Lo visitamos por nuestra cuenta porqué nuestro guía tiene trabajo burocrático: ¡tiene que conseguirnos los permisos para el Everest! Acabada la visita hacemos algo de tiempo hasta que nos vienen a buscar. Nos llevan a comer a un restaurante de Shigatse mismo y, como la mayoría de veces, nos ponen en una especie de reservado, en una salita adosada al cuerpo principal del comedor; hemos comprobado que, siempre que pueden (esto empezó en Pekín), nos ponen en una salita a parte o nos suben a un piso diferente, etc., porque allá donde vamos llamamos mucho la atención y se ve que les despistamos a la clientela. Consecuencia: no nos ven y cuesta mil conseguir que te hagan caso; comprobamos que la camarera no responde al grito de “¡tibetanaaa!” (versión adaptada de “¡tabernera!”) que sale insistentemente desde nuestro rinconcito. Después de comer continuamos con la ruta. Nuestro destino es Sakya y, más concretamente, su monasterio, sede de la escuela budista tibetana de Sakya, donde en la edad media se tradujeron las escrituras budistas del sánscrito al tibetano. Por lo visto, nuestro tour no está tan organizado como creíamos y el guía y los conductores llevan toda la tarde decidiendo donde nos llevan a dormir (y nosotros que creíamos que teníamos todos los alojamientos previstos y reservados, ¡qué ilusos!). Las opciones son dormir en Sakya mismo o tirar hacia Lhatse y avanzar camino. Al final nos llevan a Lhatse. Ya en Lhatse paramos delante de un hotel (¿hotel? Bueno, algo así) y el guía baja con Elena como representante del grupo para ver si podemos quedarnos y si nos parece bien el sitio. Salen y Elena, que se lo ha currado e incluso ha hecho fotos en plan reportera gráfica, nos explica como está el tema: resulta que hay diferentes categorías de habitaciones y el presupuesto que le han asignado al guía los de la agencia solo da para las habitaciones “downstairs”, pero que pagando un extra podemos tener habitaciones mejores (las “upstairs”). Según Elena las habitaciones son iguales pero en las de abajo hay muchísima humedad y hace más frío y las de arriba son más habitables. No tenemos que decidir en grupo, cada cual puede dormir allí donde mejor le convega. Lyon, Caravan y yo, como buen “pack” pedimos una habitación de tres. Mi idea, directamente, es pillar una de las de abajo, que en los últimos alojamientos me he sentido demasiado señorita y estoy deseando recuperar mi faceta mochilera. Dicen de ver las habitaciones y luego decidir. Por supuesto, nos llevan primero a las de arriba: muy bien, una habitación cutre; vamos para abajo: ok, una habitación todavía más cutre; las camas son más sencillas...

read more

Hacia la carretera de la Amistad

Posted by on 18/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Tibet, Transiberiano | 4 comments

Hacia la carretera de la Amistad

Share This: Dia 22 (Javi) Tras una noche de tormenta, amanece un cielo gris. Hoy es el día que empezamos la famosa carretera de la amistad que une Lhasa y Kathmandú por tierra, una de las rutas más hermosas que se pueden hacer en el mundo, y que atraviesa una de las regiones más desoladas y remotas de la tierra, el altiplano tibetano, y que comprende una altitud media que oscila entre los 4000 y 5000 metros. Eran unos 900 kms. los que nos separaban de Kathmandú, casi 5 días de travesía atravesando los Himalayas. Desde el principio teníamos claro que era “lo mejor” del viaje, sobre todo porque pretendíamos alcanzar el campo base del techo del mundo, y sin duda alguna, era “la aventura”. Si existiese una autopista en el cielo, posiblemente esta ruta sería lo más parecido. Con estas expectativas salíamos del hotel. Enseguida vemos que nos esperan el guía y 3 conductores (el veterano, el gordete y el Elvis) con 3 4×4, con lo que nos dividimos en 3 grupos: las 3 parejas se distribuyen como pueden en 2 coches intercambiándose en cada parada, mientras los 3 solteros: Lyon, Illenca y yo, nos acomodamos en el otro coche. Iniciamos ya la ruta por una carretera convencional en la que de vez en cuando hay controles policiales, que curiosamente miden el tiempo entre control y control para saber a la velocidad a la que vas y vigilando que no te pases, con lo que a veces teníamos que hacer paradas técnicas, donde aprovechábamos para estirar las piernas y tener contacto con los nativos. Al principio la carretera es asfaltada, había mucha niebla en las montañas por las que pasamos. Luego la ruta se encamina por unos desfiladeros siguiendo el curso de un gran río, el Yarlung Tsampo, sagrado para los tibetanos. Es impresionante, picos de 5000 metros a ambos lados, aunque por aquel entonces no sabíamos que esto era sólo el principio y lo mejor estaba por llegar. A media mañana llegamos a un pueblecito, donde comemos en un bareto de carretera lo poco que hay: arroz, carne y noddles, a su elección, no estaba mal. El sitio era bastante auténtico, ya que empezamos a ver la vida tibetana fuera de Lhasa. Al acabar de comer, ocurre algo surrealista puesto que uno de los 4×4 se avería y el guía con el primer coche y 3 de nosotros sigue adelante sin preocuparse apenas. Los demás nos quedamos allí sin saber muy bien qué hacer. Por un momento nos ponemos a empujar el coche a ver si arranca pero no hay manera. Entre gestos, pues no estaba el guía y no teníamos ni idea de tibetano ni los conductores de inglés, decidimos montarnos 7 en el coche que funciona, con Tere en el maletero, y seguir hacia adelante, mientras el otro conductor se queda en el pueblo intentándo reparar el otro coche. Perdemos más de media hora hasta que por fin nos reencontramos de nuevo, justo en el momento en el que empieza uno de los tramos más apasionantes, con paisajes semidesérticos, muy montañosos, auténticas pistas de tierra, realmente espectacular. De vez en cuando, observamos colinas funerarias, que son lugares donde esparcen los restos de los muertos, descuartizados, a modo de ritual, y donde esperan las aves carroñeras....

read more

El Palacio de Potala

Posted by on 17/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Tibet, Transiberiano | 0 comments

El Palacio de Potala

Share This: Dia 21 (Calero) El mítico Potala nos esperaba. Hoy era un día importante, visitábamos una de las joyas del viaje, visto tantas veces en fotos y esta vez lo teníamos ahí al lado… tan cercano… pese a ello nos teníamos que recordar que en realidad estábamos a miles de kilómetros de nuestra cultura, en una de esas ciudades míticas del planeta, no era una excursión que pudiéramos hacer cualquier fin de semana. Obviamos el desayuno voluntariamente, sin duda era el peor desayuno que habíamos hecho en todo el viaje. Admirar el Potala desde fuera es impresionante, es una de esas construcciones que te hacen desconectar del resto de mundo que te rodea y contemplar embobado la imponente mole con ese paisaje de fondo tan espectacular como son los Himalaya. Extrañamente yo siempre había pensado que se encontraba en la afueras, solitario en mitad del campo, pero no, realmente el palacio preside Lhasa, está cerca del centro de la ciudad y desde lo alto se puede apreciar ésta en su totalidad.. Al llegar tuvimos que esperar fuera un buen rato a que los oficiales de turno de la puerta organizaran la situación y fueran dejando entrar a los diferentes grupos. Por lo que nos contaron, se necesita pedir hora para entrar al Potala, como si fueras al medico de cabecera, y tenía un número máximo de visitantes diarios, con lo que conviene “pedir cita” con antelación para no encontrarte con la desagradable sorpresa de no poder entrar. Aparte, las visitas guiadas tenían un máximo de tiempo dentro: una hora. Mientras que si ibas sin guía podías estar todo el tiempo que quisieras, con lo cual nuestro guía nos dijo que nos dejaba volar libres y que nos esperaba en la salida. Realmente yo creo que le venía de perlas, porque nuestro guía era muy majo y agradable pero de guía ejercía poco, la verdad. Se dice del Potala que es el edificio más grande del mundo, cosa que por supuesto veo como una exageración, pero si es cierto que posee mas de 1000 estancias entre todo el complejo. La parte visitable por los turistas, sin embargo, se limitaba a una pequeña porción del total. Nos recorrimos todo el interior “permitido” del Potala, y para muchos de nosotros tuvo más de decepción que de impresión. Estuvimos en la sala en la que estudiaba el Dalai-Lama, también junto a su dormitorio, viendo todas las estancias interiores importantes y luego fuimos pasando por todas las tumbas en las que estaban los anteriores Dalai-Lama a través de un recorrido bien marcado con flechas, para no salirte de la ruta establecida. Ahí fue cuando muchos de nosotros nos sentimos algo decepcionados, y es que hartos de criticar la opulencia de la Religión Cristiana, encontramos que un lugar como la residencia de los Dalai-Lama no estaba ni mucho menos exento de ella. En todas las sepulturas de los anteriores Dalai-Lama había mas oro del que ninguno de nosotros había visto en su vida, para más datos dentro estaban enterrados del quinto Dalai-Lama en adelante (si no recuerdo mal), siendo la tumba más grande e imponente la del V Dalai Lama con una altura de 15 metros, construida con 3721 kilos de oro y cerca de 15000 piedras preciosas… eso lo dice todo. Y el...

read more

Recorriendo Lhasa

Posted by on 16/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Tibet, Transiberiano | 0 comments

Recorriendo Lhasa

Share This: Día 20 (Cris) En nuestro aparentemente súper hotel, tenemos el desayuno incluido así que, en grupillos nos vamos dejando caer por el comedor. Sinceramente, y teniendo en cuenta que esto es un hotel, esperaba algo más… ¿internacional? El comedor no parece ni hecho para el público, sino que tiene pinta de sala de empleados o algo así. Nos preguntan si queremos te o café pero no sé para qué preguntan porque, total, da igual lo que respondas, que ya deciden ellos. De comida nos dan arroz con pinta de estar sacado del menú de un hospital: lo sirven dentro del agua con la que lo han hervido y es asquerosamente insípido. Hay también una masa igualmente insípida y bolitas de esta misma masa pero rellenas de carne y, para completar, un platito con una cosa verde no identificada que parece que pertenece al mundo vegetal. Además, no hay manera de que nos entiendan cuando pedimos azúcar y hay que ir a por él a la pocilga-cocina… Después de esto, en cualquier pueblo perdido del Tibet los desayunos mejorarán considerablemente. Hemos quedado con nuestro guía a las 10 para empezar la visita a Lhasa. Empezamos con el templo de Jokhang, en pleno centro de Lhasa. Es un lugar sagrado y, como tal, uno de los rituales es dar un número determinado de vueltas a su alrededor siguiendo un sentido determinado (para ellos un lugar sagrado puede ser un montoncito de piedras, como en Mongolia, un templo, como en este caso o incluso una montaña; en este último caso dar las vueltas pertinentes puede llevar días); esto hace que en las calles de Lhasa todo el mundo ande en un mismo sentido (esto, por supuesto, nos excluye a nosotros, que somos unos herejes: cuando te gritan desde atrás “oyeee, mira que tienda más chulaaa” pues no vas a dar la vuelta a medio Lhasa pa volver atrás). Justo delante del templo se lleva a cabo otro ritual: se tumban boca abajo, extienden los brazos delante de ellos y, manteniéndolos estirados los llevan hacia los lados para levantarse otra vez y vuelta a empezar. Entramos dentro del templo. La estructura no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados. Hay un gran patio central, solo cubierto por una gran tela, y, rodeando el patio, está la parte techada: un pasillo que se extiende por los cuatro lados del patio y por donde se accede a múltiples capillas con diferentes imágenes. Pero, aunque sea algo muy diferente de lo que estamos acostumbrados, lo que sorprende es el ambiente que se vive ahí dentro: está abarrotadísimo de fieles increíblemente devotos. La mayoría de ellos llevan la misma ofrenda: mantequilla de yac. La mantequilla se usa para mantener las velas encendidas y la gente la lleva en grandes cantidades, bien sea en grandes termos para llevarla ya derretida, bien sea sólida, en bloques enormes. Pero la cosa no se queda ahí. Mires donde mires, en el rincón más escondido e insospechado hay billetes. La gente va pasando por todo el templo y van dejando billetes en diferentes partes. Las abuelas, los niños… ¡todos! La verdad es que dan ganas de coger el billete, devolvérselo y decirles que con eso se compren una barra de pan, pero bueno… Esto de la mantequilla y...

read more

Lugar de los Dioses

Posted by on 15/08/2007 in Asia, Diarios de viaje, Tibet, Transiberiano | 0 comments

Lugar de los Dioses

Share This: Día 19 (Javi) El avión despega. Beijing queda atrás mientras me sumerjo en un sueño profundo después de no haber pegado ojo en toda la noche. Tras casi 4 horas de vuelo, llegamos por fin a la capital del Tíbet. Nada más bajar del avión, Lyon y Regue empiezan a sentirse mal, con dolores de cabeza, cansancio, mareo,.. los primeros síntomas del mal de altura se cobran sus primeras víctimas. Vamos a recoger nuestras cosas y fuera nos está esperando nuestro guía, Chun Gi, con unos pañuelos de oración blancos para darnos la bienvenida al techo del mundo. El camino desde el aeropuerto dura cerca de una hora. Paramos 15 minutos en un lugar donde hay pinturas budistas en la pared de la montaña y en el que la gente suele dejar su pañuelo de oración. Seguimos el trayecto en nuestra furgoneta hasta que vislumbramos, allá a lo lejos, la mítica ciudad de Lhasa, que hasta principios de siglo XX tenía prohibida su entrada a los extranjeros. Tuvo que ser increíble lo que pudo llegar a sentir Alexandra David-Neel, la primera occidental en llegar aquí, cuando tras una odisea de viaje y años intentándolo, lo consiguió. Nosotros habíamos llegado en avión, no era la manera soñada, pero al fin estábamos en Lhasa, a 3650 metros de altitud, uno de los sueños del viaje. Lhasa tiene una población de 300.000 habitantes, entre tibetanos y chinos. Teniendo en cuenta que hace sólo 40 años contaba con 20.000 habitantes podemos hacernos una idea de la brutal transformación que ha habido en la ciudad después de la ocupación china. La primera impresión al llegar a Lhasa es un tanto decepcionante, ya que se ven calles anchas, flanqueadas de edificios feos, modernos, sin ningún tipo de encanto, con un aire un tanto occidental, aunque todo esto se olvida rápidamente cuando empiezas a ver los magníficos templos, como el palacio de Potala, que nos recuerdan que Lhasa fue un día la capital de un reino. La actual Lhasa, bajo la dominación china, ha perdido parte de su esencia, pero todavía se puede sentir en su parte tibetana, ecos de lo lejano, de lo auténtico, de lo inalcanzable. De hecho Lhasa significa “lugar de los Dioses”. En seguida nos dejan en el hotel, un hotel demasiado lujoso para unos mochileros como nosotros. Entre Lyon, Illenca y yo nos sorteamos la habitación individual que había, y suerte la mía, que me la quedo yo, jeje. La verdad es que tiene unas bonitas vistas sobre las montañas. Eso sí, estamos en la 2ª planta del hotel y cada vez que tocaba subir, llegábamos arriba asfixiados. Todavía cansados, decidimos echarnos una buena siesta para reponer fuerzas, de hecho nos han recomendado que no nos duchemos y que no hagamos muchos esfuerzos, para aclimatarnos a la altura. Ya después de descansar, decidimos callejear por la Lhasa tibetana. El choque de culturas es brutal y nos sumergimos de lleno. Se puede respirar un ambiente mágico que recuerda al pasado, en sus mercadillos, en sus monasterios, en sus calles y sobre todo en su gente, que recorren la plaza Barkhor rezando sus plegarias y moviendo su molinillo de oración. Nos adentramos por callejuelas que están llenas de tiendecitas y puestos, con mil cosas para comprar, que curioseamos aunque algunos no...

read more