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DÍA 14 – Corfú

Posted by on 06/08/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 0 comments

DÍA 14 – Corfú

Share This: “Se acaba el joroña que joroña” Después de 2 intensas semanas teníamos por delante nuestro último día en Grecia, esta noche zarparíamos en un ferry nocturno a Bari, pero aún nos quedaba una larga jornada en Corfú: nosotros, nuestras ganas y nuestra moto, la cual devolveríamos a mediodía. Desayunamos con el sol ya comenzando a calentar la verde isla, nos despedimos de las yankis y salimos con la moto hacia el norte, a seguir explorando la isla mientras nos diera tiempo. Fuimos a Paleokastriksa, un pequeño pueblo bastante turístico, donde tras una parada en el puerto hicimos una visita al monasterio que lo corona desde lo alto; tampoco es que sea una visita obligada pero una vez allí había que ir. Proseguimos con la moto por las carreteras de Corfú, canturreando mediante la canción del “pirata cojo” de Sabina los peores trabajos posibles tras ver a unos obreros picando en plena carretera bajo un Lorenzo de espanto que caía a plomo (posteriormente añadiríamos otros como el de repartidor en Venecia, etc). A mediodía dejamos la moto de alquiler después de haberla disfrutado con ganas -gran idea para moverse por Corfú– y dedicamos el resto de tarde a conocer la capital de la isla, cosa que habíamos dejado para el final. Estuvimos comiendo en el casco viejo junto al mar un pescado fresco y excelente a un precio muy barato, y después el calor nos destrozó de tal manera que tuvimos que tirarnos en un parque a dormir hasta que un griego gordo resentido cabrón (y podría seguir acumulando) nos despertó pasada una hora diciéndonos que aquello no era legal… pero qué les pasa a estos griegos? que hablamos de descansar, no de fumar crack! Mientras veíamos el centro de la ciudad hicimos varios recados como ir a un ciber, a un cajero, a volcar fotos en un DVD, a sentarnos un rato en una pequeña plazoleta con unas cerves (importantísimo recado) o a echar las cachondas postales que compramos en Mykonos en la oficina postal, donde fuimos protagonistas de una esperpéntica y ridícula escena en una gigantesca sala totalmente vacía y que tuvo a dos funcionarias, nosotros dos y una máquina para coger números como protagonistas… tildarlo de cómico sería quedarse corto… Tras todo ello seguimos pateando la ciudad, con su marcado estilo veneciano, su multitud de tiendas y sus estrechas calles del centro; la verdad es que me resultó bastante bonita Kerkyra (o Corfú, como la quieras llamar). Después de varias vueltas y revueltas acabamos anocheciendo en un parque gigantesco cervezas en mano hasta que decidimos volver a por nuestras mochilas a la estación de ferrys, cenar una pizza en un sitio cercano y ponernos a esperar el ferry medio dormitando tiradísimos en el suelo junto a un instituto completo de italianos de fin de curso. Finalmente a las 2:00 montamos en el ferry, pillamos en cubierta un trozo de suelo húmedo y podridamente sucio pero… a vosotros os molestó? A mí tampoco, porque dormí de lujo, hasta las 10 de la mañana que atracamos en Bari. Se acabó Grecia. Una lástima, nos dio bastante pena (de verdad, no lo digo por decir) porque realmente es un país al que le pillamos cariño en esas 2 semanas que estuvimos recorriéndolo y creo que tiene mucho carácter...

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DÍA 13 – Corfú

Posted by on 05/08/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 0 comments

DÍA 13 – Corfú

Share This: “Los Motovoladores” Nos ponemos en pie algo más tarde que de costumbre, la cama en la que he dormido era una auténtica bazofia: la típica cama supletoria a ras del suelo en la cual yo y mi 1,92 no cabíamos ni comprimiéndonos -tuve que dormir hecho una croqueta porque a los pies tenía un armario- y cada vez que intentaba moverme aunque fuera un poco los malditos muelles sonaban como la banda sonora de Psicosis, amén de clavármelos toditos, creo que esa noche soñé con fakires… Vamos, que hubiera dormido bastante mejor con el colchón tirado en el suelo, y mira que yo soy muy poco exquisito para dormir donde sea… Decidimos cambiar de hostel esta noche, no porque no nos gustara éste en particular, pero queríamos probar suerte en otro sitio, quizás en el famoso Pink Palace (famoso por sus fiestas, vaya). De todos modos antes de irnos bajamos a la playa de Pelekas; se accedía a ella por unas escaleras desde el albergue, a escasos metros. Sin duda fue la mejor playa de todo el viaje: era de arena, el agua estaba impresionante y cristalina y el frondoso verdor de Corfú pintaba la escena como un magnífico cuadro. Después conseguimos que el dueño del albergue nos acercase en su furgoneta a la capital, y aprovechamos para comprar los billetes de ferry hacia Bari para el día siguiente por la noche. Allí nos despedimos ya de Pablo, el chaval chileno. No sabíamos dónde íbamos a dormir ni cómo movernos por la isla, pero después de pensarlo un rato se nos encendió una bombilla (y creo que esta vez sin cervezas de por medio!): la idea era dejar los mochilones en las consignas de la estación de ferrys para llevarnos sólo lo básico en las mochilas pequeñas, alquilarnos una moto, recorrer la isla los dos y buscar dónde dormir, ya que en ese momento no descartábamos nada, incluso una de las ideas que más peso tenían era dormir tirados en alguna playa. Ya volveríamos a por nuestras mochilas mañana por la noche, antes de montar en el ferry. Comimos a base de pizza, alquilamos una moto por 20 euros y montados en ella salimos a recorrer la isla con un tercermundista mapa. La verdad es que era un auténtico lujazo recorrer los caminos de la verde Corfú con una moto de 49cc, aunque nos adelantara hasta el Papamovil. Son esos grandes momentos del viaje, al igual que el quad de Santorini, porque además hacia un calor brutal pero en moto se convertía en una agradable brisilla que venía de lujo. Al final, tras muchas curvas, carreteras y tupida vegetación, llegamos al Pink Palace, un feo edificio rosa desde donde había unas vistas fantásticas de un pequeño valle que acababa en una enorme playa (Agios Gordios Beach). Entramos a preguntar precios y nos pareció demasiado caro, además el ambiente era excesivamente guiri, estaba todo llenísimo de yankis, no es lo que estábamos buscando, así que nos vamos a otro lado… o eso creemos, ya que la moto no arranca, parece que se nos ha estropeado… Perfecto, y no la tenemos ni 2 horas todavía… Llamamos al de la tienda de alquiler y mientras viene nos metemos al Pink Palace a tomarnos unas cuantas cañas (por aquello de hacer...

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DÍA 12 – Meteora, Ioaninna, Igoumenitsá, Corfú.

Posted by on 04/08/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 2 comments

DÍA 12 – Meteora, Ioaninna, Igoumenitsá, Corfú.

Share This: ”Monasterios y trayectos” Amanecemos a las 8:00, haciendo gala de nuestra fuerza de voluntad y dispuestos a recorrernos la ruta de los monasterios de Meteora. Ya la noche anterior podíamos apreciar, en la calle a los pies de nuestro alojamiento, un gran farallón que se elevaba amenazante entre la oscuridad por encima de nosotros, en los bordes del pueblo. Ahora a la luz del día se podía ver perfectamente, una mole imponente se alzaba, rodeada de muchas otras; es la peculiaridad geológica de esta zona, que combinada con la construcción de monasterios por parte de los monjes ortodoxos desde hace más de 5 siglos hacen de Meteora uno de los principales reclamos turísticos de Grecia. El abuelo que nos alquiló la habitación resultó tener una chatarrería justo debajo de ésta, así que dejamos ahí nuestras mochilas, golpeando con ellas todos los cacharros de la tienda al pasar por el estrecho pasillo. Nos tomamos un frappe para desayunar y nos montamos en el bus de las 9:00 que nos dejaría en el monasterio más elevado de Meteora y también el principal: el Gran Meteoro o monasterio de la Metamorfosis. Pasamos un buen rato dentro, recorriendo todas sus estancias y museos, viendo los patios, disfrutando de los pocos turistas que todavía había a estas horas de la mañana… de hecho al salir ya había una riada de gente ascendiendo penosamente por las escaleras. Qué bien nos sienta madrugar! Después del monasterio principal proseguimos la ruta, caminando poco a poco hacia abajo por la carretera y recorriendo a pie los varios kilómetros que nos llevarían de vuelta a Kalambaka. Durante el camino echamos unas buenas risas inmersos en nuestra estupidez (que es extensa y poderosa), y también visitamos otros dos monasterios, todos ellos bastante similares en cuanto a distribución aunque más pequeños. El último tramo, ya en Kastraki -pueblo a escasos kilómetros de Kalambaka-, decidimos probar a hacer autostop aun convencidos de que nadie nos pararía. Y cuál fue nuestra sorpresa cuando la primera furgoneta que pasó al levantar el dedo se paró y nos llevó hasta Kalambaka, que majo! Esa fue la recompensa por haber llevado a aquel abuelete que hacía autostop en Creta, estamos convencidos. Ya en Kalambaka vamos a echar una cerveza al Koka Roka, en la parte superior del pueblo, para después bajar a un parque a hacer tiempo hasta que salga nuestro bus a Ioanina (16€) a las 15:00. El bus hasta Ioaninna tarda 3 horas, atraviesa zonas muy verdes y las carreteras son muy malas. El paisaje sin embargo me sorprendió gratamente, pensaba que toda esta zona del interior de Grecia sería mucho más seca, pero al contrario está plagada de vegetación, montes y un verdor interesante. Al llegar, dimos una vuelta por Ioaninna durante algo más de una hora, haciendo tiempo hasta que saliera nuestro autobús a Igoumenitsa a las 20:00 (8€). Ioaninna nos dio la impresión de ser una ciudad bastante adinerada, en comparación con el resto de sitios que habíamos visto en Grecia hasta el momento. Igual fue impresión nuestra, pero los precios de las tiendas, bares, el tipo de comercios que había… nos daban la sensación de que el nivel de vida era un poco más alto que en otras partes del país. En este trayecto conocimos, aparte de un...

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DÍA 11 – Atenas, Delfos y Kalambaka

Posted by on 03/08/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 4 comments

DÍA 11 –  Atenas, Delfos y Kalambaka

Share This: “Buses y visitas fugaces” Tras 4 miserables horas comienza a sonar el despertador… al menos esta vez tan sólo tenemos sueño. Nos dirigimos con nuestra somnolencia a la plaza Syntagma, desde donde nos han dicho que sale el bus 024 hacia la Terminal B. Llegamos tras una severa pateada con las mochilas y ante nuestro asombro nadie sabe nada del 024, así que perdemos 10 valiosos minutos preguntando por doquier a conductores de autobús, taquilleros, quiosqueros, niños, ancianos, perros y demás fauna y flora local hasta que al final un hombre nos dice que el bus para en una avenida al norte de la plaza… ¡no se suponía que paraba en la plaza? Llegamos justo justo justo a tiempo a la parada de bus… para ver como el 024 se va delante de nuestras narices sin llegar a cogerlo. Media hora después pasa otro que nos deja en la Terminal B justo justo justo 15 minutos después de que saliera el autobús para Delfos que queríamos. El siguiente es dentro de 3 horas… Después de esas 3 horas tirados, desayunando, jugando con palomas, haciendo el mono con el diábolo… (aburridos, vamos) nos montamos en nuestro bus a Delfos por 16€ y nos pegamos otras 3 horas más de viaje, esta vez las pasamos inconscientes, eso sí. Llegamos a Delfos a las 13:30 y horror, el siguiente y único bus a Kalambaka (Meteora) sale a las 15:00… dentro de 1 hora y media! Y el próximo es a media mañana del día siguiente… estamos jodidos. Pensamos rápidamente y optamos por el “plan punki”: Ver Delfos y volver antes de las 15:00 para coger el bus. Ahora os podría hablar de Delfos largo y tendido, contar mil anécdotas que vivimos, relatar todo lo que apreciamos en cada piedra de cada templo, los miles de matices que sentimos, los exhaustivos análisis… pero sería mentira, os tendréis que conformar con saber que allí había antaño una adolescente drogada a la que todos hacían caso (una especie de Kurt Kobain en femenino, vamos) y de regalo esta completísima descripción de nuestra visita a Delfos: – Salida a las 13:50 de la “estación” (era en realidad una tienda en la que vendían billetes), previa dejada de mochilas por 2€. – 10 minutos de veloz caminata para cubrir el kilómetro que separa el pueblo de Delfos de las ruinas. Ya son las 14:00. – Compra de 1 entrada al recinto por 6€. La otra gratuita gracias al carnet de universidad prestado. – Subida hasta lo alto de las ruinas (donde está el estadio) en 40 minutos. Las 14:40. – Bajada desde lo alto y sprint de vuelta a la estación, donde llegamos a las 14:55. – Y nos sobra tiempo para comprar dos cervezas fresquitas por un trabajo bien hecho mientras esperamos al bus… agotados y exhaustos después de tantas horas de visita cultural, ya se estaba haciendo pesado Delfos. Continuamos la marcha rumbo norte, y después de 5 horas, 2 transbordos, 16 euros menos, alguna hora parados en pueblos de mitad de Grecia, establecimientos cerrados por domingo y comidas a base de atún con tomate llegamos a las 20:15 a Trikala, pueblo de 50.000 hab. que está a media hora de Kalambaka. Según nuestra guía era un lugar agradable y animado para dormir....

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DÍA 10 – Heraklion y Atenas

Posted by on 02/08/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 0 comments

DÍA 10 – Heraklion y Atenas

Share This: “”Día de tránsito, cómputo y/o reflexión”” Abro un ojo. Tengo la cabeza dolorida. Miro a mi alrededor, una luz intensa entra por el ventanal de nuestra habitación, para 8 personas, y veo 6 camas totalmente hechas y limpias y a una señora barriendo la habitación. Durán parece ser el escombro encima de la cama que falta. Cierro el ojo. No se cuánto tiempo ha pasado, pero noto algo y abro ambos ojos: tengo delante de mí al dueño del albergue, mirándome con una cara mezcla de repulsa y pena, nos está diciendo que nos tenemos que ir, el check out ya se ha pasado hace alguna hora… Recogemos con el constante zumbido de las tuneladoras de Gallardón en la cabeza y subimos a desayunar unos huevos fritos que nos suben un poco la barra de vida, el dueño del hostel es comprensivo, dice que nos ha escuchado llegar a las 7 de la mañana; la botella de 1’5 l de agua nos dura 10 minutos. Nos despedimos amablemente de él y bajamos a recoger la ropa que dejamos ayer en la lavandería, único lavado considerable de los 22 días de viaje. El resto fueron todo pequeños escarceos con la pila, el jabón de lagarto y algunas prendas, a medida que iba transcurriendo el viaje. Hoy había que irse de Creta, teníamos comprado desde hacía unos días unos billetes de avión por unos 50 euros –nuestra traumática experiencia en las islas con los billetes de ferry agotados nos hizo despabilar- y por la tarde teníamos el vuelo Heraklion–Atenas. Nuestra intención era, nada más aterrizar en Atenas, intentar llegar lo más rápido posible a la estación de buses desde la que salía el último autobús a Delfos, para hacer noche allí. Era tarea arriesgada, ya que teníamos el tiempo justísimo, pero lo íbamos a intentar. Comenzamos a caminar con el calor, las mochilas y la resaca, por las calles de Heraklion… – Heraklion tampoco tiene tanto, eh… – Sí, además ya la vimos ayer, por la noche… – Es domingo, va a estar todo cerrado… – Buff, pues así imposible… – Un pequeño descanso? Directamente dirigimos nuestros pasos al parque central de la ciudad y nos despanzurramos en el césped, rodeados de un sinfín de terrazas de bares atiborradas de Cretenses de buen hacer que están de domingo, y al cabo de unos instantes tiradísimos en el parque se acerca un policía y nos dice que está prohibido dormir, pero que si estamos sólo de relax sí se puede… “Por supuesto, por supuesto, señor agente, nada de dormir, sólo relax”… Una horaza de siesta después nos levantamos algo mejor –pero sin milagros- y nos vamos a conectarnos a internet una horita. Después nos comemos unos kebab con su grasiento pan, lo que no sé si nos ayudó o nos hundió, y fuimos al aeropuerto, donde tuvimos que esperar bastante más de lo que nos gustaría por retrasos importantes en el vuelo. Finalmente el avión salía a las 19:00, y el último bus a Delfos desde Atenas a las 20:00… si corríamos mucho mucho mucho… no llegábamos. Idea descartada. A las 21:00 ya estábamos de nuevo en la ateniense plaza de Omonia, buscando albergue para esa noche, lo más barato posible, por favor. Probamos en uno, 16€ en una habitación...

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DÍA 9 – Creta (Samaria y Heraklion)

Posted by on 01/08/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 0 comments

DÍA 9 – Creta (Samaria y Heraklion)

Share This: ”Haciendo el Cretino en Creta” A las 6:30 nos suena el despertador y nos desperezamos en nuestro fabuloso coche, poniéndonos en pie dispuestos a afrontar una dura jornada, y desde luego que lo iba a ser; eso sí, nos levantamos con un dolor de espalda del quince. Oye, a la próxima nos alquilamos un ferry, que se duerme mejor y con mucho. Desde luego ya sé que coche no me compraré nunca: un Skoda Fabia: te deja la espalda hecha un cromo de los de Panini, si lo que quieres es dormir en él. Nos tomamos un café y un bollo a medias en el único bar en kilómetros a la redonda, que también comienza a amanecer y desperezarse poco a poco, como nosotros, y hacemos algo de tiempo hasta que abren el parque natural de Samaria a las 7:30. Pase lo que pase tenemos que superar las adversidades y estar de vuelta antes de las 11:00. Es una miseria porque el parque tiene pinta de merecer mucho la pena y no nos da tiempo a recorrerlo entero ni a disfrutarlo como se merece… hay que regresar a Hania a devolver el coche si no queremos que nos cobren un día más y además tenemos que coger un autobús de vuelta a Heraklion desde Hania, ya tenemos el billete de vuelta comprado. Comenzamos a un ritmo trepidante el descenso del primer tramo, que consta de un sinfín de rudimentarias escaleras, por llamarlas de algún modo, pues no eran más que las cuestas que bajaban las laderas de los montes, sobre las que se habían colocado algunas piedras y maderas para facilitar el paso. Y aunque no hemos entrado los primeros al parque en pocos minutos lo somos, ya que andamos a un ritmo muy alto. En la primera parte, la del descenso más pronunciado, hay multitud de rejillas hacia el lado de la ladera por un alto riesgo de desprendimiento, incluso atravesamos algunos tramos en los que pasamos por debajo de un “tunel” hecho a base de rejillas metálicas anti-muerte por derrumbe, aunque daba más la impresión de estar en un zoo por dentro. Después de una hora y media caminando, la mayor parte cuesta abajo, y con menos de la mitad del parque recorrido, decidimos fatídicamente que tenemos que volver; hemos hecho 5 de sus 13 kilómetros y lo peor, no hemos llegado al tramo impresionante de verdad, un cortado de unos 500 metros de altura y 3 de anchura que es el que sale en todas las fotos… nos tendremos que conformar con la postal… La vuelta se hace más dura, es cuesta arriba y es desandar camino. Además a Durán comienza a darle problemas su rodilla, lo que hace un poco más agónica la subida, incluso hay tramos en los que nos tenemos que parar a recobrar el aliento porque tenemos prisa y el ritmo sigue siendo alto. Tardamos en desandar los 5 km unas 2 horas, media hora más que de bajada, y a las 11:00, tras 3 horas y media de caminata, nos hemos hecho 10 km de subidas y bajadas y estamos nuevamente en el coche. Emprendemos camino de vuelta hacia Hania, teníamos que estar a eso de las 12:00 así que conduzco rapidito… ideal para mareos en los tramos de...

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DÍA 8 – Creta (Hania y Samaria)

Posted by on 31/07/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 0 comments

DÍA 8 – Creta (Hania y Samaria)

Share This: ”De una ruta en coche, comidas locales y suites de lujo” Llegamos prontito a Heraklion -algo antes de las 7:00- habiendo dormido más que estupendamente en la cubierta del ferry (esta vez sin ironías). Nada más llegar y con las legañas aún en la cara nos fuimos a la estación de autobuses y compramos un billete para el primer bus que saliera hacia el oeste de la isla, a Hania. Fueron 19€ i/v, de 7:30 a 10:15… casi 3 horazas. Demonios, acostumbrados a Santorini y Mykonos esto resultaba ser bastante más grande… va a ser verdad que nos quedamos cortos de tiempo, y eso que tenemos algo menos de 3 días. También va a ser verdad que necesitas 1 semana para recorrer Creta… Llegamos a Hania a la hora prevista, bajamos embutidos con las mochilas desde la estación hasta el centro y comenzamos la ardua tarea de buscar alojamiento… albergues no había en todo el pueblo, todo eran pequeñas Guest House con encanto en pleno casco antiguo de estilo veneciano… preguntamos precios, vemos habitaciones, recorremos pequeñas callejuelas… y tanto encanto tenían que nada bajaba de los 60 euros por habitación doble, así que convocamos el gabinete de crisis: vamos a una terraza a tomarnos una cerveza mientras pensamos qué hacemos. Con la cerveza y un contundente desayuno encima lo vemos todo mucho más claro, por supuesto. Partamos de necesidades y premisas: – Qué queríamos hacer en el Oeste de Creta? Ver Hania y la Garganta de Samaria (parque natural situado a 1 hora u hora y media hacia el sur). – Cuanto tiempo teníamos para todo ello? 1 día y medio. – Dormir? Buah, como si dormimos dentro de una papelera! Pero que sea barato, eso sí. – Y Hania?? Pues hay que verlo, por supuesto, pero con las mochilas y el calor que hace (mucho y muy húmedo) lo van a ver Rickie Rouse y el Pato Monald. – Espera espera…. EUREKA! Alquilamos un coche –siempre y cuando sea barato-, dejamos las mochilas en el maletero, vemos Hania, y cuando nos saturemos cogemos el coche y emigramos hacia el sur, como los patos, que ya dormiremos en el coche cerca de Samaria y temprano por la mañana nos recorremos la garganta. No hay nada como pensar! Gracias, cerveza! El coche, tras 4 o 5 intentos en distintas agencias, acabó siendo un Skoda Fabia por 40 euros -el más pequeño que había-, mucho más barato que el alojamiento en Hania, dónde va a parar! Echamos los mochilones al maletero y nos fuimos al centro nuevamente, el cual estuvimos recorriendo durante alguna hora. El pueblo era bonito, sobre todo la parte del puerto y las callejuelas que lo rodean, todo con un marcado estilo veneciano, aunque eso sí, se respiraba un aire bastante pijillo. Tras ver Hania comenzamos camino hacia Samaria en nuestro bólido, vamos parando en pequeños pueblos que se encuentran en la ruta (recuerdo una pobre chica a la que empapamos con el coche al pasar por un gigantesco charco sin darnos cuenta), pueblos como Fournes, Meskla, Lakkli u Omalos. En este último paramos a comer, bastante tardecito, todo platos típicos de la región… que gran idea, sí señor, nos cubrimos de gloria esta vez… la comida constó de queso (decente), mousaka (sabrosa), vino local (infumable)...

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DÍA 7 – Santorini

Posted by on 30/07/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 0 comments

DÍA 7 – Santorini

Share This: “Del suelo del camping al arcón del ferry” Nos levantamos, por segundo día consecutivo en el camping Perissa; la verdad es que el sitio estaba francamente bien: barato, a 10 metros de la bajada a la playa Perissa y te dejaban incluso una tienda de campaña por 2 eureles si no tenías… bueno, yo sólo tenía una pega y es que no llevaba esterilla (nunca la llevo) mientras que Durán si tenía. Pero bueno, este viaje me he dado cuenta de que soy indestructible, puedo dormir perfectamente en cualquier superficie sin problemas y ha quedado demostrado. Además lo de Durán era un alivio relativo, porque justo en este camping se le pinchó la esterilla –era inflable (no confundir con infalible), del Decathlon- y sí, se acostaba acolchado y mullido, muy digno él, pero se despertaba todas las mañanas con los huesos en el suelo, como yo. Y como se suele decir: mal de muchos… Qué rastrero sueno, eh? Bueno, a las 10:30 nos estábamos levantando tras las 6 horitas de sueño de rigor; nos damos la también ducha de rigor y recogemos nuestras cosas, que dejamos guardadas en la tienda donde alquilamos el quad. Hoy teníamos un ferry nocturno a Creta, así que el plan era dar vueltas con el quad por la isla hasta que anocheciera y después devolverlo e irnos para el puerto. Así pues, aún nos queda Santorini para rato, volvemos a la carga con nuestro quad… Recorriendo los caminos de la isla fuimos hasta su monte más alto, que tampoco es decir demasiado, aunque nuestro quad sudó para subir esas cuestas; desde arriba se podía divisar todo Santorini, aunque no llegamos a la verdadera cima porque estaba ocupada por unas instalaciones militares y evidentemente estaba prohibido el paso. Bajamos por la otra ladera del monte y fuimos a Kamari, la playa más grande y concurrida junto con Perissa. De hecho, como núcleo urbano, Kamari era más importante que Perissa, pero era más “típica ciudad vacacional”: apartamentos, piscinas, hoteles… la playa de hecho no estaba tan limpia y tan arenosa como la de Perissa, aunque también estaba decente. Estuvimos visitando también las playas de detrás del aeropuerto, que después rodeamos entero para volver a Perissa y pasar allí un rato por la tarde, tirados en la playa sin hacer nada (prácticamente no habíamos disfrutado todavía de la playa en Santorini). Tras ese rato de playa fuimos hasta la costa oeste, compramos unas cervezas y nos fuimos a ver otro espectacular anochecer en un mirador de carretera justo al lado de un restaurante famoso por sus vistas del anochecer en la caldera. Más barato nos salió, desde luego. Echamos un buen rato de risas, haciéndonos fotos estúpidas varias y viendo el sol caer poco a poco mientras Durán ahondaba en su técnica con la armónica. Una vez anochecido volvimos donde los quad a devolverlos y coger nuestras mochilas para ir a hablar con el del camping para que nos dejara darnos una ducha, algo a lo que accedió a regañadientes. Tras esto de nuevo a Fira, esta vez en bus y ya de noche, donde nos tomamos otra jodida cerveza (y perdón por lo de cerveza) y nos vamos hacia el puerto a hacer tiempo hasta que salga nuestro querido ferry a Heraklion, capital de...

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DÍA 6 – Santorini

Posted by on 29/07/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 0 comments

DÍA 6 – Santorini

Share This: “Con quad, al fin del mundo ” Santorini, Santorini… Pequeña isla de las Cícladas y posiblemente la que mayor renombre tiene de todas ellas junto a Mykonos. Hoy me he levantado decidido a daros la chapa con Santorini. Esta isla, de unos 20 km de longitud y con forma de luna creciente, presenta su geografía actual a raíz de una explosión volcánica sucedida hace unos 3500 años, que dio como resultado la caldera geológica que ahora delimita la isla. Esta explosión al parecer incluso afectó a la civilización minoica Cretense y, para algunos, es la explicación de la misteriosa Atlántida, que la situaban aquí. Todo habladurías, por supuesto, todos sabemos que la Atlántida se encontraba en Huelva… A lo largo de los años ha sufrido terremotos que han hecho aparecer nuevos islotes en la Caldera, el último de ellos registrado en 1956 y que devastó miles de casas. Y ya está bien, no? Voy con nosotros… A primera hora alquilamos un quad, fueron 40€ por dos días, y comenzamos a recorrer la isla a la espeluznante velocidad de 50 km/h. Iríamos despacio, sí, pero en eso radicaba el secreto, el encanto, lo que hizo que gozáramos tanto la isla. Cómo explicarlo… pues simplemente hay que entender la sensación de pasar horas al sol, sin camiseta, sin casco, con el agradable y cálido aire meciéndonos, explorando los pequeños rincones de la isla, parándonos cuando la foto lo requería y tomando un camino distinto cuando lo dictaban los sentidos; en definitiva, empapándonos de Santorini. Estuvimos en la costa sur, paramos en la playa Roja a comer algo que compramos previamente en un supermercado (sí, sí, las maravillosas latas de las que ya os he hablado), nos acercamos al extremo sudoccidental de la isla, en el que hay un solitario faro desde el que se contempla la inmensidad de la caldera desde su punto mas meridional, y luego fuimos subiendo poco a poco hacia Fira, la capital. Fira es bonita, permanece en lo alto de un gran acantilado suspendida sobre la caldera, con una gran hilera de terrazas desde las que hay unas vistas magníficas. Demasiado turistificada? Quizás, pero bonita. Estuvimos en una de esas maravillosas –y caras- terrazas tomando un ouzo y disfrutando de las vistas, después de lo cual compramos unos crepes que nos comimos en los escalones de una plaza. Y volvimos a nuestro querido bólido para poner rumbo a Oia, al norte de la isla, desde donde dicen que se aprecia uno de los anocheceres más bonitos del planeta. Antes de llegar a Oia nos desviamos a la costa norte y estuvimos recorriendo 2 o 3 de sus playas, muy deshabitadas y con encanto, aunque no tan buenas como la de nuestro camping en Perissa. Después de pasar alguna hora entre las playas llegamos finalmente a Oia y desde ahí bajamos al pequeño puerto de Ammoudi; merece la pena descender los 300 escalones que lo separan del pueblo y pasar un rato frente a las barcas, observando. A media tarde subimos a Oia y compramos unas cervezas para irnos a la zona de “ver anocheres”. Encaramados en los tejados de las casas, sentados tranquilamente, esperando pacientes mientras el sol continúa con su inexorable ocaso, vemos pasar los minutos mientras la zona se empieza a abarrotar en...

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DÍA 5 – Mykonos y Santorini

Posted by on 28/07/2008 in Diarios de viaje, Europa, Grecia, Grecia | 0 comments

DÍA 5 – Mykonos y Santorini

Share This: “Comodín de cambio de isla o día-puente” Amanecemos mal. Tarde, inconexos, cansados, atontados, con sed… Merecidísimo todo ello, por supuesto. Así que, sin poder objetar ni un reproche por nuestro estado, nos vamos a nuestra querida Paradise Beach a aprovechar el último rato en ella antes de montarnos en el bus a Mykonos con nuestras mochilas, ya nos tocaba huir de esta isla de perversión. EL ferry salía algo después de mediodía, tenemos tiempo, así que mientras estamos bajando las calles de la capital como almas errantes con ataúdes ceñidos a la espalda encontramos una mesa en la minúscula terraza de una pequeña Creperie, perfecto para descansar un poco y echar algo a nuestro malhadado estómago. Dicho crepe, por cierto, lo recuerdo como espectacularmente sabroso, aun sin acordarme ahora mismo de qué llevaba. Intentamos hacer memoria colectiva (gran invento) entre ambos para ver si podemos recordar lo que hicimos la noche anterior… y después de sufrir varios tirones neuronales por el intento cogemos nuestras cosas y nos vamos para el puerto. El puerto está atestado de gente! Nos tiramos a la sombra en una rampa por la cual pasaban los coches y autobuses a escasa distancia de nuestros pies, la espera con calor se hace pesada, pero al fin vemos llegar al ferry allá en lontananza, y se desata la locura: empujones, pisotones, mochilazos, sorrys, quite-que-voys, mecagontos y un maremagnum de gente que hace que acabemos saltando la valla y entrando por la salida, ya que la enfurecida turba que obstaculiza el paso está esperando a otro ferry sin ninguna intención de apartarse. Dormimos algo en el ferry y finalmente llegamos a Santorini a las 19:30. Hay un caballero que nos ofrece ir al camping Perissa… mmm, creo recordar leer a Dea decir que eso estaba bien (pausa en la comunicación para publicidad: agradecimientos a Dea y a Martika por sus sabios consejos sobre Grecia), así que allá que vamos, además nos llevaban en furgoneta gratis. La primera impresión de Santorini, pese a que esté ya casi anocheciendo, es buena. Mucho menos masificada de lo que esperaba, parece una tranquila isla para recorrer en un par de días, como tenemos pensado hacer. Y las vistas de la Caldera desde lo alto de sus acantilados son magníficas. El camping nos cuesta 6€ diarios por cabeza y el alquiler de la tienda 2€ diarios entre los dos, perfecto. Cenamos, compramos vino local (es que somos muy costumbristas: allá donde fueres…) y a la playa a tirarnos un buen rato, hoy nos toca ir de tranquis. Pero noooo! El vino resulta estar caliente y tan malo como una buena patada en los huevos, así que lo escondemos en un árbol -pero poco escondido- y acabamos en un bar viendo un concierto de blues, después seguimos tomándola en otro bar en plan Chill Out y terminamos haciéndonos colegas de los camareros, del dueño (acabamos fumando con él en un reservado), nos invitan a cervezas, nos ponen unos cocketeles gigantescos… patatín patatán… otra vez las 4 y pico de la mañana, a esto ya hemos jugado. Ver todas las fotos de...

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