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Abandonando Moscú

Posted by on 29/07/2007 in Diarios de viaje, Europa, Rusia, Transiberiano | 0 comments

Abandonando Moscú

Share This: Día 2 (Cris) Última ducha, dato importante teniendo en cuenta que vamos a pasar 88 horas en un tren. Pero antes tenemos algo de tiempo para despedirmos de Moscú. Después de dos días aquí todavía no hemos sido capaces de ver el Kremlin pese a haber ido tres veces a la Plaza Roja. Esto nos hace darnos cuenta de que andamos algo flojos de organización, algo que creo que iremos mejorando aunque solo sea un poco a lo largo del viaje. La noche anterior, entre chupito y chupito (olé ese vodka frío, a palo seco pero frío, ¡no volvimos a catar tal exquisitez!) debatimos como aprovechar el poco tiempo que nos quedaba en Moscú. El Kremlin estaba pendiente, pero dado el poco tiempo que teníamos, el sentido común nos hizo descartarlo y nos decidimos por el parque Gorki. Pillamos metro y nos encaminamos hacia allí. Vamos bordeándolo hasta que vemos una entrada. Hay un detector de metales para entrar, que los rusos van pasando sin problemas. Cuando nos disponemos a hacer lo mismo, no nos dejan pasar, nos mandan a otra entrada, más adelante. Vamos mirando atentamente a lo largo de toda la verja, no sea que nos pasemos la entrada… Minutos después comprobamos que era imposible saltársela: Allí hay otro detector que la gente pasa también sin problemas, pero enseñando un tique que han comprado previamente: ¡nuestro gozo en un pozo! Yo creo que la primera entrada era la buena, la del parque y que esta segunda es para el parque de atracciones que ocupa una parte del parque. No sé si mandarnos a esta ha sido de buena fe pensando que somos tan suicidas como para montarnos en esos cacharros que llevan sin pasar una ITV desde tiempos de Lenin o a mala leche. Decidimos no entrar porque ya sólo nos quedan 20 minutos de margen para coger metro otra vez e ir al albergue a buscar las mochilas. Una vez recogidas las mochilas vamos hacia la estación. Nos distribuímos las tareas: campamento base para guardar mochilas, averiguaciones ferroviarias, acopio de blinis y aprovisionamiento de bebidas. Ya lo tenemos todo, solo nos falta subir al mítico transiberiano, que será nuestro hogar los próximos cuatro días. Tenemos tres compartimentos seguidos en el vagón 13 (tres personas en un compartimento, cuatro en otro y dos en el último). Uno de estos compartimentos es exclusivamente nuestro y este será el campamento base. Nos servirá de comedor, de sala de estar para tertulias y de casino. El tren merece una inspección, que no se hace esperar: organizamos una expedición para recorrerlo de cabo a rabo. Empezamos desde nuestro vagón hacia atrás, hacia los barracones de campo de concentración… esto… hacia 3ª clase; ¡menudo hacinamiento, qué agobio! Llegamos al final del tren y nos quedamos embobados viendo por la ventanita trasera como vamos dejando atrás kilómetros y kilómetros de vía. Nos tocan ahora los vagones de delante, los de 1ª clase, con su aire acondicionado, no sea que los señores se despeinen abriendo las ventanas; todavía no lo sabemos, pero resulta que en esos vagones ¡incluso pasan el aspirador! Nada que ver con el cubo de líquido negro (no me atrevo a usar la palabra agua) y la escobilla con la que se pasean para llenar el expediente en nuestro...

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Reunión del grupo en Moscú

Posted by on 28/07/2007 in Diarios de viaje, Europa, Rusia, Transiberiano | 0 comments

Reunión del grupo en Moscú

Share This: Día 1 (Calero) Comenzaré el diario el sábado, segundo día del viaje  para la mayoría del grupo (os vais a hinchar, aun os quedan 29) pero primero para mi hermano y para mí. Y lo comenzaré contándoos un poco la previa que tuvimos mi hermano y yo el viernes: Mientras todos estos cabrones disfrutaban en Moscú el viernes, mi hermano y yo sufríamos en nuestras sillas del curro en silencio las hemorroides. Pero finalmente también llegó nuestro turno, y la espera merecía la pena pues volábamos gratis Madrid – Moscú. El vuelo salía a las 23:00 y llegaba allí el sábado a las 6:00 hora local (4 horas de vuelo + 3 horas de diferencia horaria). Pero al llegar al aeropuerto nos encontramos la desagradable sorpresa que siempre pende sobre nuestra cabeza cual espada de Damocles: el vuelo estaba lleno. Es lo malo de los billetes Free… Tras debatir, esperar, anhelar y agonizar, el majísimo comandante permitió que voláramos en transportín, que para el que no lo sepa son las comodísimas sillas reclinables de la tripulación, en la parte trasera del avión. Total que pasamos el vuelo ambos con la resaca de la noche del jueves (las despedidas siempre acabaron pudiendo más que nosotros), levantándonos y sentándonos cada 10 minutos para que sacaran los cajones de comida, etc… esa fue nuestra noche de sueño, una auténtica basura. Ahora centrémonos. El sábado llegamos a Moscú las 6:00 de la mañana y entre mochilas, documentaciones, encontrar el bus que nos llevaba a una estación de metro de la periferia, coger el metro con los malditos carteles escritos con letras del Tetris, perdernos en el susodicho metro y tardar media hora en encontrar el maldito albergue sin señalización ninguna, nos dieron cerca de las 9:00 hasta que llegamos al Godzilla’s, el albergue en cuestión. Al fin nos reuníamos los nueve, éstos ya estaban despiertos, cálido recibimiento, nos esperaba un viaje de 15000 km juntos. Solo nos faltaba decidir quien era Frodo. Nos informaron del notición: por ahora no teníamos billetes de Transiberiano (salíamos al día siguiente): precios desorbitados y desde el albergue Katia no había conseguido nada aun. Salimos a desayunar con contundencia y hablar de las opciones que teníamos y regresamos al albergue. Finalmente Katia nos consiguió los billetes Moscú – Irkustk por 7900 rublos (225 €) cada uno, impresionante! En taquilla nos pedían 10000 rublos! Nos dedicamos pues a ver la ciudad, fuimos de nuevo a la Plaza Roja, visitamos el interior de San Basilio, que me pareció mucho mas pequeña de lo esperado pero igualmente preciosa. El mausoleo de Lenin y el Kremlin nos lo saltamos por diversidad en las opiniones. Fuimos también a las galerías GUM, echamos una cerveza, y después fuimos caminando pasando por el monumento al soldado desconocido hasta la calle Arbat, donde comimos en un sitio con estética de vacas llamado “Mumu”. Proseguimos el paseo y acabamos haciendo ruta por las estaciones de Metro más destacables, puede que viéramos unas 15, y la verdad es que no he visto metro como el de Moscú, simplemente espectacular. Tras el éxodo por el metro (yo estaba totalmente destruido por el cansancio) regresamos a la Plaza Roja, y disfrutamos del espectáculo de verla de noche. Cenamos algo rápido allí cerca y echamos a andar con la intención de...

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