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JODHPUR

JODHPUR

on 07/06/2011

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Jodhpur, esencia de Rajastán

La primera impresión que te muestra Jodhpur es la de ser la típica ciudad India: una marea infinita de coches, taxis y rickshaws pueblan las calles principales a cualquier hora, el calor sofocante te hace necesitar agua cada pocos minutos -el haber ido en Junio es un factor importante- y una eterna nube de polución parece asentarse en la ciudad. Aquí cualquier ciudad es grande, te hablan de ciudades medianamente discretas, pero cuando te enteras de que ronda el millón y medio de habitantes simplemente te resignas a la tónica habitual, que no es otra que ver hordas de indios donde quiera que vayas.

Jodhpur es la primera ciudad India que visitamos, con la salvedad del día pasado en Delhi, y la primera de Rajastán, tierra de maharajas. Lo primero, como siempre, es buscar un lugar donde caernos muertos. El calor reinante a las 9 de la mañana hace que nos decantemos por algún lugar cercano, y tirando de Lonely Planet nos acercamos al Hotel Govind, a escasos 5 minutos de la estación de tren de la que hemos salido. Tras el regateo estipulado en los canones nos hacemos con dos habitaciones dobles para los cuatro, lo que se convertiría en costumbre para el resto del viaje, y a un precio bastante asequible de unas 300 rupias por habitación; durante las 3 semanas siguientes nos moveríamos en el rango de las 300-500 rupias por habitación doble (5-8 euros al cambio).

La visita a la ciudad la hicimos mediante una de las modalidades más asequibles para optimizar los recorridos por las ciudades indias: alquilando para los 4 un rickshaw que nos llevaría a diferentes lugares durante las siguientes 6 horas. El precio por todos, 300 rupias, era más que justo, tanto que acabamos dándole 400.

En los dos días que estuvimos en Jodhpur pasamos calor, mucho calor, y entre medias de ese calor recorrimos los sitios turísticos más destacables de la ciudad:
– El impresionante fuerte de Mehrangarh, la joya de la ciudad, donde puedes perderte horas recorriendo sus innumerables estancias y disfrutar de unas grandes vistas de las casitas azules que pueblan la ciudad.
– El palacio Umaid Bhavan, a unos kilómetros en las afueras, que tiene actualmente 3 diferentes usos, separados por secciones: residencia del Maharaja Gaj Singh II, hotel de lujo y por último museo de la historia de la familia real de Jodhpur. Sólo se puede entrar al museo, y la verdad es que a mí me pareció bastante decepcionante, aunque por fuera es un edificio imponente.
– El cenotafio de Jaswant Thada, en marmol blanco, excelente para una visita rápida.
– El centro de Jodhpur, con su torre del Reloj. Como en cualquier ciudad india siempre es una delicia a los sentidos pasear por los bazares y mezclarse entre las calles; los monumentos son espectaculares, pero para mí el mejor monumento siempre ha sido la gente y la vida callejera.

Fuerte de Mehrangarh, Jodhpur

Cenotafio de Jaswant Thada, Jodhpur

Torre del reloj, Jodhpur

En definitiva, Jodhpur es una de las paradas obligadas de Rajastán, aunque a mí no me pareció una ciudad en la que sentirse excesivamente a gusto, debido quizás al sofocante calor y la desmesurada polución y ruido que abruma la ciudad. Pasar en la calle más de media hora hace que sientas la necesidad de darte una ducha. La veo más como una ciudad de paso -en la que detenerte a ver sus diferentes rincones y seguir marcha- que como una ciudad en la que quedarse una semana disfrutando del entorno.

Por nuestra parte, si habíamos tenido poco con los 48 grados que nos acompañaron en Jodhpur, nos movimos tras esto en tren a Jaisalmer, a las puertas del desierto de Thar.

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