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La vida en el Transiberiano

La vida en el Transiberiano

on 01/08/2007

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Días 2, 3, 4 y 5 (Javi)

Un poco de historia
El día 21 de julio de 1904 tras un proyecto faraónico que duró 13 años, numerosos esfuerzos y centenares de vidas perdidas, se puso en marcha la vía de 8000 kilómetros del transiberiano. Se inauguraba el tren más largo del mundo, que une Moscú con Vladivostok, en la costa del Pacífico.

Actualmente, el transiberiano en sus diferentes rutas es utilizada por rusos, mongoles y chinos para sus desplazamientos internos y fronterizos. Tren mítico donde los haya, atraviesa 7 husos horarios siendo aún un recorrido de dimensiones épicas, una conexión entre el este y el oeste y un símbolo permanente de lo que fue la unidad rusa en un mundo revolucionario. Por sus ventanillas desfilan imágenes de grandeza y de fracaso. Y en sus pasillos se escuchan las voces cansadas de gente confundida. La travesía de Asia en tren entre Moscú y Pekín, es de 7621 kms, realizando el recorrido del mítico transiberiano en su variante transmongoliana.

Nuestra historia
El sueño de subir al transiberiano se cumple. Son las 13.20 de un domingo 29 de julio. Ya sólo falta comenzar a rodar. Nuestra provonidka, Valentina, es un cielo, muy simpática y atenta con nosotros. Esto empieza a moverse. Poco a poco, nos vamos alejando de Moscú, sin prisa pero sin pausa. Todavía flipándolo, empezamos a recorrer el tren y a familiarizarnos con nuestro vagón y en especial con nuestro compartimento, en el que pasaremos nada más y nada menos que 88 horas, casi 4 días. Nuestro vagón es el 4º por la cola, justo el último de 2ª clase (kupé) y situado antes de los 3 vagones de cola, que son de 3ª (platskart). La verdad es que estos últimos no están nada mal, mucho mejor de lo que había leído, lo único que allí la intimidad no existe y se comparte todo con la gente que te rodea. Mientras, en nuestros compartimentos, que están seguidos, hacemos como lugar de reunión el compartimento de enmedio, totalmente ocupado por nosotros. Durante todo este largo tiempo hacemos un poco de todo para ir matando el tiempo: entre charlas, juegos de cartas, libros, música, siestas y sobre todo, observando el paisaje que se extiende desde la ventana, pasamos nuestra “vida” en el tren.

Para comer empezamos a sacar latas de unos, latas de otros y nos lo montamos bastante bien. Salvo a Illenca que casi no le gusta nada, los demás nos ponemos las botas con jamón, atún, paté y especialmente con los mejillones. Benditos sean xDD. Para complementar aprovechamos las paradas para comprar comida que nos venden las “abuelas”, las típicas amas de casa rusas que cocinan y luego van a vender su comida a los pasajeros del transiberiano. La verdad es que venden casi de todo: hamburguesas, pepinillos gigantes, patatas, verdura, pescado (esto mejor no probarlo ya que nos dijeron que contenía muchas toxinas), cerveza (caliente, semifría, fría y congelada xD) y hasta peluches, ramos de flores, etc.

Transiberiano

Transiberiano

Andenes del Transi

Sobre el paisaje, qué decir, en conjunto todo muy verde, con cientos de casitas de madera a lo largo del camino. Al principio está lleno de extensos bosques y altos árboles, pero poco a poco va habiendo menos y el paisaje se va convirtiendo en extensas llanuras. A veces cuando se podía, iba al final del tren, a ver cómo íbamos dejando kilómetro tras kilómetro. Es muy relajante. Por suerte, tuvimos buen tiempo, la temperatura rondaba los 20ºC. a veces incluso hacía mucho calor. Qué diferente debe ser en invierno.

Pasamos por Ekaterimburg, Omsk, Novosibirsk, Krasnoyark, etc…En cada parada estamos entre 20 y 30 minutos, que aprovechamos para estirar las piernas, comprar comida y sobre todo, cerveza; y también para hacer fotos del bullicio que se crea cuando para el tren. Cuando llega la noche, después de cenar, nos montamos unas buenas juergas a base de chupitos de vodka y cerveza, jugamos a cartas, cantamos Rafaella Carrá (fue Lyon el que empezó con “Para hacer bien el amor hay que bajar al sur..” joder que canción más pegadiza xDD), proponemos acertijos con los que nos comemos la olla un buen rato, contamos chistes, o hablamos de viajes pasados o futuros. Estamos de coña y el marco del transiberiano lo hace increíble.

Paisajes de bosques rusos

Durmiendo en nuestras literas

Toda la lista con las paradas

Otra cosa a comentar son los lavabos y las colas que se forman a veces para entrar. Los dos que hay en nuestro compartimento, uno a cada extremo, desprenden olor a orina y la higiene deja mucho que desear. Tienen tuberías y cañerías antiquísimas, y todo funciona de manera muy rudimentaria. Un consejo, ir a cagar a primera, que los lavabos están mejor y de paso le echas la mierda a los de 1ª clase xD.

Mención especial las personas que comparten con nosotros un tramo del viaje, al fin y al cabo el transiberiano es como la vida misma, un largo recorrido en el que coincides determinados tramos con determinada gente, que sube y baja sin cesar en cada estación. Sobre los rusos, por lo general son personas desconfiadas, muy serias, y con los que cuesta romper el hielo, aunque claro está, como en todo, hay excepciones. Como personajes del transi, destacar a: Natasha, la chica rusa que con sus largas y retorcidas uñas descuartizaba a algunos viajeros durante la noche y echaba sus restos por el retrete xD; al gordo mongol, el típico pesado que siempre taponaba el pasillo del vagón y que se enteraba de todo; Buba, el único ruso que sabía inglés y que nos dio unos cuantos consejillos; los rusos del machete antichechenos, vaya quillos xD; la pareja de gabachos con los que compartimos más de un rato; el niño demonio que no paraba quieto ni un momento; la sirenita, una belleza rusa madurita pero con un cruce de piernas mejor que el de Sharon Stone Y finalmente German y Alexander, muy majos y que nos invitaron a te, café y cerveza.

La vida en el vagón-restaurante

Comprando comida a las abuelas en las paradas

Antiguos trenes

Y bueno, el viaje en el tren más largo llegaba a su fin. Por increíble que parezca, el trayecto se había hecho corto, y de alguna manera empezábamos a echar de menos estos días en el transi, donde tantas cosas habíamos compartido, risas, miradas, paisajes, mejillones y varias botellas de vodka y cerveza. A las 10.30 de la mañana de un jueves 2 de agosto (5.30 en Moscú), nuestro transiberiano llegaba a su destino tras 5185 kms. de vías. Nos despedimos de esos rostros ya familiares, y nos bajamos en la estación de Irkustk.

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Abandonando Moscú
Toma de contacto con Irkutsk

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