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Un ansiado cambio cultural

Un ansiado cambio cultural

on 13/02/2009

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Que ganas tenía de llegar a Bolivia! Esperaba este cambio cultural, encontrar verdadera diferencia con “mi mundo”, llegar a la estación de autobús y tener que sortear innumerables vendedores de boletos que te tratan de convencer, subir a un bus que no sabes cuántas veces se estropeará ni cuándo llegará, tener que negociar por todo, la mirada sincera y desconcertada con que te miran los ancianos, hablar con ellos con naturalidad y que te cuenten sus vidas, el trato cercano con gente más simple y llana, sin tantas complicaciones, pese a que algunas veces no te vean más que como un dolar con patas… 

Toda esta ruta boliviana la estoy haciendo, como siempre, con buenos compañeros ocasionales: Jonathan (inglés), Holly (inglesa), Meike (holandesa, ayer ya se separó de nosotros) y yo estamos descubriéndole el encanto a este país.

En Santa Cruz, una de las regiones más ricas y que lucha por una autonomía del gobierno central, pudimos ver que en la segunda ciudad más grande del país -más de un millón de habitantes- los rasgos de los lugareños son “menos bolivianos”, y quizás sea una ciudad algo más rica pero sin embargo no por ello más bonita, aunque si que pudimos disfrutar de un desfile de carnaval nocturno callejero interesante.

Samaipata es un pequeño pueblo a dos horas y media de Santa Cruz, en dirección a Sucre. Llegar hasta allí, en taxi desde Santa Cruz, nos costó 2 euros y medio a cada uno, increible! En sus alrededores hay un bonito parque natural, que no vimos, y unas interesantes ruinas preincaicas, que sí. Don German, el propietario del restaurante en el que pasamos varias horas, nos explicaba orgulloso como hace unos 40 años el Che, junto con varios guerrilleros, se ocultaron en esa casa durante una semana entera poco antes de ser capturado y morir en la Higuera, no muy lejos de allí.

Luego fuimos a Sucre, la capital administrativa del país. La ciudad me pareció bonita, sobre todo el centro. Calles cuidadas, bonitos edificios coloniales, bien iluminada, algún edificio monumental… tenía su encanto, aunque pasamos poco tiempo. Me recordó un poco a Cuzco, en Perú. Pero sin su ambiente, por supuesto, jejeje. Y bueno, el interesante viaje desde Samaipata a Sucre ya lo conté en el capítulo anterior, no tuvo desperdicio…

Tras Sucre, Potosí, a unas dos horas y cuarto de Sucre en otro taxi por otros 2,5 euros cada uno… Potosí es, de hecho, la ciudad más alta del mundo, a 4000 metros sobre el nivel del mar. La ciudad es chocante, no te puede dejar indiferente. A mí me gustó y más que Sucre, de hecho. Es una ciudad pequeña, con su centro de estrechas calles adoquinadas, repleta de casas coloniales, pero con un aire un poco más decrépito que Sucre, y una excelente iluminación nocturna que hace que sus multiples iglesias y edificios resplandezcan con fuerza en la oscuridad. Digo que no deja indiferente y es porque es una ciudad dura. El clima es duro, hace frío, mucho, y esos 4000 metros a los que está pesan, hay ratos en los que te encuentras en un estado medio mareante y la cabeza se carga con facilidad. Por todo esto hay mucha gente que no la soporta.

Desde Potosí hice una de lás mejores excursiones que he hecho hasta ahora en el viaje: a sus minas. Y es que Potosí es famosa por sus minas, explotadas desde antes de la llegada de los españoles a estas tierras, de hecho ellos fueron los que las vaciaron de todo oro. Hoy día, pese a que no hay oro, las minas se siguen trabajando, todavía abundan plata, cinc y otros metales. En esta excursión puedes ver cómo trabajan, entrar hasta dentro totalmente equipado, recorrerlas e incluso hacer volar unos cartuchos de dinamita abajo -se pueden comprar en la ciudad por apenas 1 euro y medio-, toda una experiencia!

Y justo hace varias horas hemos llegado a Uyuni, en el suroeste del país. Mañana nos embarcamos en un tour de 3 días por la zona, para ver su famoso Salar, entre otras cosas. Y esto creo que merecerá un capítulo aparte, pues al parecer es lo más interesante de todo el país.

Así que aquí sigo por ahora, he quedado enamorado de Bolivia, tanto que incluso estoy leyendo un libro acerca de Evo Morales, quiero conocer más a fondo el país y sus gentes, sin duda lo merecen. Aquí las cosas funcionan de otra manera, hoy nos contaba un chico que en su tour por Uyuni se pincharon las ruedas de su todoterreno, y tras buscar soluciones y no encontrar aire los bolivianos las inflaron con una bombona de gas… ver para creer! Y es cierto, nos ha enseñado las fotos.

Volveré a pasar por aquí, después de Uyuni!
PD: las fotos no las puedo subir ahora, a ver si mañana me da tiempo, mientras va una provisional de cabecera, jeje.

Barato, barato!

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