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Kilómetros de piedras

Kilómetros de piedras

on 11/08/2007

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Día 15 (Calero)

Tras la paliza de la inagotable Ciudad Prohibida y el Palacio de Invierno el día anterior decidimos por la noche que hoy era el día de ver la Reciente Maravilla del mundo: la Gran Muralla.
Teníamos publicidad de una agencia que te organizaba un tour en el mismo día a las tumbas de la dinastía Ming y a la Gran Muralla en el tramo de Badaling, teóricamente uno de los mejores conservados y más característicos, pero por tanto también más rebosante de turistas. Desde el albergue se ofertaba una excursión a otros tramos, pero el precio era varias veces mayor y no estábamos para tirar el dinero, así que nos decantamos por Badaling.

Nos recogieron a eso de las 8:00 a.m. en nuestro albergue y nos montaron en un minibús exclusivo para nosotros. Nuestro guía era… ufff, nuestro guía era estresante. Era una especie de Jackie Chan chiquitito y escurrido, todo nervio, que hablaba a toda hostia en inglés y no había forma de pillarle una. Yo sólo aguantaba unos pocos minutos a su lado escuchando explicaciones.

Bueno, evidentemente un precio de excursión tan terriblemente barato tenía sus pegas… Las tumbas de la dinastía Ming se encontraban a unos 50 km de Pekín, mientras que la Gran Muralla estaba a unos 70. Pues bien, en el recorrido total del día, entre la visita a las tumbas, la Gran Muralla y la vuelta a Pekín, nos comimos las siguientes visitas “gratuitas”:
– 2 fábricas de jade, con explicación de cómo se hace y paseo por salón de exposición para que compráramos.
– 1 fábrica de perlas, con explicación y compras opcionales.
– 1 fábrica de productos artesanos chinos, con blablablablabla y compracompra.
– 1 tetería de Pekín a la vuelta, con degustación y “mira que té más maravilloso, cómpralo!”
– 1 escuela de masajes, a petición nuestra, para recibir un merecidísimo masaje en los pies por apenas 5 euros, aunque luego un abuelo tibetano experto en medicina tradicional nos hiciera un chequeo y nos encasquetara unas pastillas para nuestro podrido hígado, que según él estaba “on fire” (totalmente verídico).

Bueno, todo eso amenizaba el día, por supuesto, y la historia es que las fabricas pagan a las agencias para que les lleven hordas de turistas ávidos de souvenirs, aunque con nosotros no se puede decir que hicieran el Agosto y a cambio teníamos una excursión con un suculento descuento. Eso sí, creo que hubiera sido bastante más educado por su parte avisarte de todo eso en el momento en que contratas la excursión…

Bueno, ahora centrándonos en las visitas de verdad, llegamos a las tumbas de la Dinastía Ming a media mañana, el día estaba despejado y el calor era asfixiante, mientras paseábamos por el enorme recinto nuestro guía nos contaba el ritual de entrada y salida a las tumbas como si fuera el hombre de los Micro Machines y nos explicaba que allí había 13 emperadores enterrados y que las tumbas habían sido construidas entre los siglos XV y XVII, también que una vez terminados los sepulcros, que eran subterráneos, éstos eran sellados, estando alguno a mas de 25 metros de profundidad. Hoy en día no es posible acceder a los sepulcros.

La visita nos llevó cerca de 1 hora, después de lo cual nos llevaron a comer a un megasalón en el que ademá había una fábrica de artesanía (que he mencionado anteriormente). Posiblemente fue la comida más “china occidental” que comiéramos en todo Pekín, pero la verdad es que estaba todo muy rico.

Tumbas de la dinastía Ming

Y por fin llegamos a la Badaling, la Gran Muralla se alzaba imponente a nuestros ojos, y sobre ella los 1300 millones de habitantes de la Republica Popular China, debían haber quedado allí todos hoy.
Teníamos cerca de hora y media para subir hasta arriba y bajar, nuestro guía nos esperaba abajo (yo también lo haría si fuera allí a menudo).

Comenzamos la ascensión poco a poco entre la muchedumbre y el calor sin saber muy bien cuál de los dos era peor, y finalmente fuimos llegando escalonados (saturados de escalones, me refiero) a lo más alto después de una media hora o tres cuartos en los que recorreríamos cerca de 3 km de escalones, bastante cabrones en algunos tramos.
Realmente la Gran Muralla es impresionante, 7300 km de Este a Oeste construidos a lo largo de unos 1000 años avalan esta gran obra, la más grande construida por el hombre, y viendo la parte que vimos, en zona montañosa y construida con grandes bloques de piedra, se debieron gastar muchísimas vidas en su construcción.
Desde mi punto de vista, habiendo visto 4 de las 7 nuevas Maravillas del Mundo a día de hoy, ésta es sin duda la que más merece serlo con diferencia. Cuando vea el resto opinaré…

Muralla China, Badaling

Badaling, el tramo más turístico de la Gran Muralla

La Gran Muralla desde arriba

Más de la Gran Muralla

Volvimos a Beijing, haciendo las paradas que ya os he contado, y finalmente nos dejaron en el albergue, donde nos dimos una merecidísima ducha (el calor y la ascensión nos habían convertido en fétidos) y después salimos a cenar y a tomar algo. No se por qué creo que mi plato se debió caer en la marmita de las guindillas o debí pedir sopa de mosquitos, porque estaba tan jodidamente picante que perdí la sensibilidad de la lengua y necesité levantarme varias veces a refrescarme la cara durante la cena.

Luego en la zona de fiesta nos metimos en un garito en el que había un chino tocando su guitarra y cantando (había actuaciones en bastantes bares) y estuvimos echando unos cubatas (desafiando todos los consejos sanitarios, como durante todo el viaje) y cervezas. Buscamos algún otro garito y nos metimos en uno con karaoke; al principio nos resultó gracioso pero al poco de estar sentados agradecimos de corazón que el karaoke se acabara.

La zona de fiesta estaba bien, animada, iluminada al estilo oriental con mucha luz roja, un lago al lado… y no era excesivamente caro. Lo único es que cerraban pronto, y creo recordar que para la 1:30 o 2:00 nos fuimos para el albergue cuando aquello comenzó a quedarse muerto.
De todas formas el descanso apetecía, había sido un día agotador y mañana lo sería más… el Palacio de Verano nos esperaba.

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En la Ciudad Prohibida
Palacio de Verano, una joya en Beijing

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